Opinion · Rosas y espinas

Compostela y sus estudiantes de medicina

Ser joven y convocar un huelga en plena campaña electoral puede parecer una idea no muy luminosa. El indamarhuendismo ambiente te tildará sin duda de cachorro filoterrorista, títere de los violentos, agitador podemita y otras lindezas que mi bisabuela no me permite repetir aquí. Si además vas para médico, se pondrá en cuestión tu deontología profesional por reabrir heridas, que es lo peor que un galeno puede hacer.

Los cerca de 800 estudiantes de Medicina compostelanos que el martes tomaron la facultad y se quedaron a dormir en sus aulas lo tenían claro, así que la consigna era evitar cualquier amago de algarada e, incluso, se cercenó la saludable tentación de acercarse unas litronas para relajar la largueza de la noche. Nunca había visto este cronista una quedada vindicativa nocturna sin litronas. Times are changing.

Aquella misma tarde, un veterano profesor me decía que todo bien, pero que los manifestantes habían amontonado tal cúmulo de vindicaciones que su mensaje perdería fuerza. Huelguean los futuros médicos de la facultad compostelana porque sufren más de 40 horas lectivas semanales entre clases expositivas, seminarios y optativas; el absentismo profesoral es diparatado; las vejaciones a la mujer o al colectivo LGTBI por parte de algunos docentes son cotidianas; los alumnos que llegan de otras universidades no reciben noticia de sus convalidaciones a veces hasta el mes de marzo; la desorganización es tal que incluso se producen coincidencias en exámenes y clases; con según qué profesores, los galego falantes son discriminados; la nota de corte para aprobar se eleva hasta el siete según querencias y caprichos profesorales; la carga horaria, que a veces alcanza las 11 horas diarias para algunos alumnos, hace imposible robar tiempo para el estudio, para la vida social… Demasiadas reivindicaciones.

–La huelga es indefinida, pero el viernes nos vamos de la facultad porque aquí se van a poner mesas electorales.

–¿No tenéis miedo de que se os acuse de politizados por hacer huelga en plena campaña?

–Sí, parece que todo cuadra en un espacio cronológico perfecto. Pero es una cosa que se viene fraguando desde hace años y ha reventado ahora –dice un alumno de tercero que prefiere no dar su nombre. Nadie, salvo los delegados, quiere dar su nombre. Hay miedo a represalias académicas.

Son las 11 de la noche y los 800 estudiantes abarrotan el aula magna en asamblea. Una delegada del tercer curso habla de los ataques de ansiedad que han sufrido ya varios alumnos a causa del caos organizativo y del exceso de trabajo: «Nos estamos formando para cuidar la salud de la gente, ¿cómo vamos a poder hacerlo si no somos capaces de cuidar la nuestra?». Aplausos.

A la una y media de la madrugada, el decano, Julián Álvarez Escudero, sale de su reunión con los portavoces de los huelguistas y pasea por los pasillos y las aulas observando cómo se van desenrollando los sacos de dormir. Ni una imprecación ni un mal gesto por parte del alumnado.

–¿Le ha sorprendido este ambiente?

–Están manteniendo un respeto exquisito. Como el decanato con ellos.

–¿Tienen razón?

–Siempre hemos reconocido que la facultad tiene problemas a los que, quizá, no hemos podido dar solución.

–En el origen de muchos de estos problemas está la mala aplicación del plan Bolonia.

–El plan Bolonia necesita una reevaluación. Tiene fortalezas y debilidades, y hay cambios que aquí no han podido aplicarse. Bolonia es un plan diseñado por las universidades ricas, Oxford y Cambridge.

–¿Nosotros tenemos universidades pobres?

–No somos universidades ricas.

La huelga se convocó el cinco de noviembre, aniversario de la conspiración de la pólvora que en 1605 planeó volar el parlamento inglés y asesinar al rey Jacobo I. Alguna máscara de Guy Fawks –hoy rostro de Anonymous– en la sentada. V de Vendetta es una película de culto entre los jóvenes. «No fue premeditado, pero lo del cinco de noviembre tiene simbolismo, ¿no?».

Tiene simbolismo, pero aquí la única dinamita escondida huele a flower power, a balada lennoniana: All we are saying is give peace a chance.

–¿Por qué ninguno queréis que os saque el nombre, si esto es lo más pacifista que he visto desde Heidi?

–Por cómo está el ambiente. Porque todos los movimientos sociales, hoy, se criminalizan. No solo son las represalias académicas. Es que puede venir la policía y señalar a cualquiera. Lo estamos viendo todos los días.

–En estos tiempos, todo es muy paradójico –pregunto–: los yayos se movilizan más que los universitarios.

–Eso debería darnos vergüenza.

Domingo electoral. Los expertos y los viejos amigos se quejan de que los jóvenes pasan de la política. A lo mejor es que pasan de nuestra  política vieja y ajada. La facultad de medicina ronca esta noche, pero no duerme.