Rosas y espinas

Ayuso paga festivos

Una de las ventajas que tiene este confinamiento, esta abulia tétrica en que nos hemos instalado, es que tienes más tiempo y paciencia para leer a los contemporáneos, vas reponiendo todos tus mitos cinematográficos como si estuvieras en tu lecho fílmico de muerte, limpias la casa, aprendes a usar el horno en sus funciones más psicodélicas, si vives acompañado te haces mejor persona y mejor animal (que viene a ser la misma cosa), vuelves a escuchar discos de Satie que tenías olvidados, te lavas mejor los dientes y aun tienes tiempo para dedicarle un rato a despresurizar y enterarte de lo que ha hecho y dicho durante el día Isabel Díaz Ayuso. Son increíbles los vericuetos por los que vagabundea la mente para evadirse de su tozudo alrededor de muertos.

El momento Díaz Ayuso es para mí el maná del día difunto, un rato de pura distracción y esparcimiento. No me importa ni que el destino de los madrileños esté en sus manos cuando disfruto de ese momento de abstracción dadaísta. Hasta me doy cuenta de que escribo sobre Ayuso en estos días más que sobre cualquier otra política, economista, escritora, científica, filósofa o caprichosa deidad grecolatina.

Ayer mismo, salvé toda la tristeza del día con este tuit. Es la versión yeyé de Díaz Ayuso al cotidiano aplauso vespertino a los sanitarios.

"Desde la Comunidad de Madrid les retribuiremos estos días como festivos". O sea, que la presidenta madrileña, en caritativo acto, se compromete a pagar como festivos los días festivos a los trabajadores de la sanidad pública. No me digáis que esta señorita Escarlata no es encantadora.

Tras cuarenta años de democracia, la joven señora de la casa, Isabel Díaz Ayuso, le anuncia con albricias a la servidumbre que le va a pagar los festivos. En urgencias de La Paz me consta que se están descorchando botellas de cava extremeño. Nunca se había observado tanta prodigalidad hacia los sanitarios en ningún gobierno anterior del PP.

Lo de jactarse de pagar como festivos los días festivos a médicos y enfermeras que se están jugando la vida contra el coronavirus puede parecer un pequeño paso en la historia de los derechos laborales, pero es un gran paso en la historia humanista del PP. Ayuso es el SuperYo freudiano de la conciencia de la derecha española, esa que susurra que dónde va a dormir mejor que en el trastero la criada.

Ayuso paga a los médicos y enfermeros el día festivo como si fuera propina, que es como lo hay que pagar, pues de todos es sabido que sin Ayuso los médicos y enfermeros de Madrid no curarían nada.

Dicen los politólogos que cada país tiene los gobernantes que se merece, aunque uno piensa que cada país tiene también más politólogos de los que se merece. Ayuso, primera autoridad de la región más influyente de España, es más de lo que nos merecemos. Tiene el don de no pensar en lo que dice hasta el punto de ofrecernos una radiografía perfecta de lo que es el pensamiento de la derecha española. Casi al tiempo en que ella prometía pagar los festivos a los héroes de las ocho en punto, su jefe, Pablo Casado, decía en Telecinco que ni un duro más a la sanidad pública: "El sector público se financia con el privado". En estos tiempos en que lo privado está pidiendo chalecos salvavidas a lo público suena a capitán del Titanic dirigiendo una orquesta. Ya digo que prefiero a Díaz Ayuso.

Ayuso es la espontaneidad facha, el happy tea party con hojas de marihuana, las chicas de la Cruz Roja filmada en la época del destape. Ayuso es la más sincera pensadora de la derecha española en toda su historia interminable. Ahora les va a pagar a los médicos los días festivos como si fueran festivos. Milana bonita.