Rosas y espinas

Solo son bots

El otro día mi madre me mandó un wasap que me llenó de pena: "No sé dónde está la verdad".  Mis hermanos fachas le decían que Pedro Sánchez era una bestia corrupia dispuesta a asesinar a los más castos púberes. Mis hermanos rojos  le decían que Pablo Casado y Santiago Abascal eran unas bestias corrupias dispuestas a asesinar a los más castos púberes. Mi madre, que es más lista que todos nosotros, no tomó partido: se limitó a decir algo tan básico como hermoso: "No sé dónde está la verdad".

Yo tampoco.

A ver si nos barrio sesamos: democracia: hay elecciones: sale un gobierno: si ese gobierno no nos gusta, tendremos que esperar una moción de censura o a que haya otras elecciones: pero es ese gobierno el que ha de apandar con lo que pase. Salvo que se pretenda un golpe de Estado y fusilar a la mitad de España, como hizo Francisco Franco. Para que no digáis que no estoy abierto a nuevas criminologías.

En esta época de la información, en la que internet nos permiten saber al segundo dónde ha piado un pollo, resulta que la mentira pesa más que la verdad. Funciona mejor. Agrada más al público. The show must go on.

--No sé dónde está la verdad.

Nos quejamos mucho de los bots. De cómo influyen los bots en la opinión pública. Y, con ese nombre tan estratosférico, parece que los bots son invencibles. Terminators. No podemos saber la verdad, o no podemos distinguir la mentira, por culpa de los bots. Joder, qué chungo e inevitable.

Yo, cada vez que me encuentro a un bot, me doy cuenta de mi insignificancia como ser humano. No puedo contra el bot. Tiene articulaciones de aluminio fundido con diamante. O eso parece por cómo campa por los predios.

Conozco incluso gente que se ha convertido en bot. Por ejemplo, cuando ciertos humanos a las ocho de la tarde salen a aplaudir en sus balcones al personal sanitario, veo un montón de seres ex humanos convertidos en bots que revientan a palos de cacerola ese humilde homenaje. Esa inocente gracieta mortal  ¿Podrían los bots hacer su cacerolada a otra hora? Quizá. A mí, si no fueran bots, me parecerían simplemente unos gilipollas. Pero, como son bots y dominan el mundo, he de tratarlos con un poco más de respeto. Así que me ahorro calificativos para no parecer racista botófobo o tal y cual.

Instrucciones para cuando te encuentras con un bot:

El encuentro entre un ser humano y un bot es, por decirlo de forma sencilla, vagarosamente inextricable. Ni el bot sabe que es un bot ni el humano sabe si pagarle unas cervezas y que se calle o darle una hostia. En tan delicada tesitura, el bot siempre tiene todas las de ganar. Repite tantas cosas contrarias tan contrarias veces que dan hasta ganas de votarle en unas elecciones, para que se calle. Una de las características más características del bot es que te rodea con tantas voces que acabas rodeado por tu propio silencio. No vale la pena el árbol cuando ya todos los vientos se han caído.

Antes de convertirme yo también en bot, quisiera decir unas palabras, seguramente inoportunas y que provocarán mi destrucción ontológica e inmediata

1º. Los bots no son superiores a los seres humanos.

2º. Los bots no piensan, por tanto no pueden reaccionar.

3º. Si un bot en forma de periódico divulga una mentira que puede atentar contra la salud pública, lo puedes denunciar. No tú solo. Compórtate como un bot. Reúne a 300.000 tuiteros a 0,5 euros cada uno y presenta una acusación popular. Con 150.000 pavos te sobra pasta para doblegar un puño de titanio.

3º. Persigue así cada mentira. Promoviendo quedadas en las redes para denigrar a los bots siempre con datos trabajados en equipo.

4º. No le digas a nadie que no eres un bot.

5º. Intenta que mi madre no vuelva a decir que no sabe dónde está la verdad.

Ellos cantan "a por ellos". Cantemos nosotros un "a por nosotros". No tengáis humanidad. Machacadlos. Solo son bots.