Rosas y espinas

Felipe VI no está preparado para ser borbón

El rey Felipe VI y la reina Letizia, tras el acto de la solemne apertura de la legistalura, en el Congreso de los Diputados. REUTERS/Juan Medina
El rey Felipe VI y la reina Letizia, tras el acto de la solemne apertura de la legistalura, en el Congreso de los Diputados. REUTERS/Juan Medina

Que se nos ha perdido otro borbón, españoles. Que de un par de siglos a esta parte hemos perdido ya seis o siete borbones, no llevo la cuenta, y luego, para encontrar otro borbón que valga para levantar este indómito país, ya se sabe que uno tiene que andar rastreando en variables tan incógnitas como la primogenitura. Así no avanza nuestra historia. Borbón que tenemos, borbón que perdemos. Ya sé que ahora está mal visto pegarle cachetones a los niños. Pero, si seguimos perdiendo borbones a este ritmo, yo no voy a poder evitar darle una hostia bien dada a algunos súbditos muy despistados.

No sé ya si porque soy demasiado mayor o un poco culto, me acuerdo de aquel pobre Carlos IV, cuya esposa gozaba enormemente de su hombría, sobre todo cuando la tal hombría la delegaba en su valido el conde de Godoy. Los historiadores suelen insistir en que Carlos IV nació un pelín consanguíneo. Lo que en mi pueblo, donde no somos muy letrados, solemos simplificar traduciendo que era más que bobo.

A aquel borbón lo perdió su hijo, Fernando VII, que lo traicionó en favor de los franceses cediendo el trono a Napoleón a cambio de pasta.

Como todos comprenderéis, no hay mayor muestra de patriotismo español que cuidar de la pasta de los españoles en tu propio bolsillo. Fernando VII incluso rogó, en famosísima carta, ser aceptado por Napoleón como hijo adoptivo: : "Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de Su Majestad el emperador soberano (...), tanto por amor y afecto a la sagrada persona de S.M. como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos".

El francés denegó la honra. Y el pueblo español, ofendido porque se le había perdido otro borbón, se levantó en armas por su independencia. Un instagramer de la época, creo que se hacía llamar Goya o algo así, hizo unos selfies muy chulos de los españoles abocados por los borbones a posar, cual modelos, frente a un pelotón de fusilamiento.

Yo no sé por qué a Fernando VII le llamaron el rey felón, siendo, como todos los borbones, un chorizo ejemplar. Es verdad que mandó asesinar a muchos rojos cuando aun no existían los rojos. Cuando se llamaban liberales. Pero eso era porque aun no existían los aviones, y no podía uno irse a asesinar elefantes en Botsuana. A ver qué diversión le podíamos dar entonces los súbditos a un borbón, si no eran nuestras vidas.

El caso es que, después de venderle España a los franceses, el llamado rey felón --no sé por qué, y además no sé lo que significa felón, pues soy periodista de raza-- Fernando VII se convirtió en el primer rey perdido y luego encontrado. Y reinó en esta España inteligentísima hasta su muerte.

Hubo una época en que los españoles renunciamos a la clase y la distinción, y, en vez de perder a un borbón, perdimos a una bornona consorte. Hoy se consideraría una vulgaridad, pero es que de aquella no estaban la ciencia ni el borbonismo tan avanzados. María Cristina de Borbón se fue de España en un vapor, como corresponde a una reina. En el vapor Mercurio. Allende los mares se dedicó al negocio del esclavismo. Pero no voluntario, como el que ahora practican los vasallos de Felipe VI. Entonces era forzoso, y por tanto mucho más llevadero.

Luego vino su hija Isabel II, a la que también perdimos. Era tan corrupta, la buena mujer, que los españoles inventaron el escrache decimonónico en 1868 y rodearon sus palacios, obligándola a huir a Francia pero manteniendo un apoyo económico que seguramente, si se estudia, pagaron nuestros tatarabuelos.

De Alfonso XIII, El Piernecitas, se sabe que rodaba películas pornográficas con menores seguramente por su piedad católica, no por vicio. Ya se sabe que la piedad católica propende mucho al abuso de menores. En la España de hoy, hay más de cincuenta curas condenados por pederastia. Pero ninguno ha ido a la cárcel. Con lo mucho que, quizá, les gustaría. Por vocación de servicio, me refiero. Como los borbones. Luego Alfonso XIII se fue exiliado en otro barco, el Príncipe Alfonso, y lo perdimos también. Con lo bien que nos hubiera venido un borbón en la II República. Ya os digo que no hacéis más que perder, muy inconscientemente, borbones.

Y ya cerca está Juan Sin Corona, o sea, el padre de Juancar, cuyos biógrafos siguen insistiendo en que vivió de aportaciones de sus amigos durante su exilio franquista, después de humillarse ante Franco pidiendo por escrito un puestecillo en la armada fascista. Franco no le dejó ser capitán de navío. Quizá por eso la afición de su hijo a las regatas.

Y ahora se nos ha perdido Juan Carlos I, y es que yo ya no sé qué hacer. ¿Dónde vamos a encontrar un borbón mejor? Su hijo ni siquiera se beneficia de los choriceos de su padre. Vaya calzonazos. Es beneficiario de una cuenta en Suiza y, siendo jefe del Estado, ni siquiera se entera de que esa pasta es suya. Este chaval no está preparado para ser borbón. Ni para ser rey de un vasallo tan humillado como ayer se mostró el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. No sé vosotros, pero yo soy de Froilán. Al fin y al cabo, la borbonía española siempre ha consistido en pegarse un tiro en el pie. De los españoles.