Rosas y espinas

Los curitas hacen 'crossfunding'

El presidente de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Juan José Omella, momentos antes del inicio de una reunión del órgano en la Casa de la Iglesia, en Madrid. E.P./Eduardo Parra
El presidente de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Juan José Omella, momentos antes del inicio de una reunión del órgano en la Casa de la Iglesia, en Madrid. E.P./Eduardo Parra

Que la iglesia católica nunca ha tenido vocación de ser muy moderna lo sabemos por Galileo, por la ley del divorcio, del aborto, por su ancestral hipocresía con la homosexualidad, y por muchas otras menudencias que no es necesario que os repita aquí. En lo único que han sido siempre muy modernos es en lo de la pela, no cotizando ni donaciones ni entradas a los templos, inmatriculando propiedades ajenas u obligando al estado aconfesional a pagar a los curitas que dan clase sin oposición ni otra sabiduría que el fulgor divino. Por no hablar del siniestro Banco Ambrosiano, fundado en el siglo XIX para ayudar a los que viven de la caridad y enseguida modernizado con capital de la mafia siciliana y más tarde de grupos golpistas dedicados a aplastar cualquier atisbo de democracia al sur del río Pecos.

Ahora, en la cúspide de la modernez, la iglesia se pasa al crowdfunding, emulando así a los anticristos de Podemos. Lo ha anunciado estos días el cardenal arzobispo que preside la Conferencia Episcopal, el muy pío Juan José Omella, que propone a los fieles una "cuota periódica", pues "lo cepillos se están quedando vacíos" a causa de la covid.

"La caridad eclesial no puede ni debe detenerse. La creatividad y el uso de nuevas tecnologías pueden impulsar nuevas formas de respaldo. Es el momento de estimular el compromiso de todos a través de cuotas periódicas que permitan abordar proyectos a medio y largo plazo", ha dicho el prelado. Dios les ayude. Porque les va a hacer falta.

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, solo uno de cada cinco españoles acude de vez en cuando a misa, mientras que los agnósticos y ateos suman el 29% de la población, todos ellos contratados como asesores de Pablo Iglesias e Irene Montero, como todo el que lea a Eduardo Inda sabe.

Asociaciones como Europa Laica --en la que participan muchos católicos en desacuerdo con las prebendas a su iglesia-- han calculado que la curia española recibe anualmente más de 10.000 millones del Estado entre mamandurrias, exenciones fiscales, oscurantismos tributarios y otras piadosas obras por las cuales solo rinden cuentas ante el Altísimo. Ahora parece que esos 10.000 M€ no les llegan para comprar anillos, pues los anillos arzobispales sufren mucho desgaste de tanto ser besados por todos los españoles de bien, que vienen a ser más o menos la mitad. Y se han puesto a hacer crowdfunding, aunque yo le llamaría crossfunding  por la necesidad de ofreceros un chiste malo en cada artículo. Y porque no creo que ninguna multitud de católicos esté dispuesta a soltar la guita ni a darle el número de cuenta a los siempre sospechosos contables con sotana.

Para el católico español, su fe solo tiene gracia si la pagamos los ateos. Es su manera de redimirnos. De obligarnos a pagar el boleto, al menos, de entrada al purgatorio. O al limbo. Aunque dicen que el limbo ya no existe. Lo abolió en 2005 el papa Ratzinger y, desde entonces, los niños no bautizados no están obligados a residir en él durante toda la eternidad. Tal y como están los tiempos, supongo que a los niños no bautizados los desahuciaron los antidisturbios, los banqueros vaticanos presionaron para que se recalificaran los terrenos del limbo, y hoy es un lujoso resort para pecadores con posibles.

La iglesia sabe que la fe de los católicos españoles no pagará voluntariamente sus lujos y oropeles, su tontería superchera. Y en estos tiempos de río revuelto no ven asegurada la ganancia de pescadores de almas y haciendas. Así que se han inventado lo del crossfunding. Que no se preocupen tanto. Inmatricular la Mezquita de Córdoba les costó 30 euros. Y cobran 40€ no declarados por cada entrada. Un precio asequible para todos los practicantes de la pobreza cristiana. Y, si quieren sacar más pelas, que monten en los templos espectáculos donde los Abogados Cristianos sometan a entretenidas torturas públicas a los galileos modernos, como Willy Toledo. Por dar solo una idea.