Rosas y espinas

¿Y no sería más demócrata celebrar el 24-F?

Somos un país rarito, no me digáis que no. Ayer, por ejemplo, celebramos el 40 aniversario del 23-F, cuando lo que teníamos que haber celebrado es la desactivación del golpe de Estado, que fue precisamente el día después. Es como si nuestras autoridades, con esta equívoca fecha, pretendieran rendir homenaje equidistante a los golpistas y a los golpeados. En Francia, por ejemplo, no se celebra el día en que los nazis entraron en París, sino la fecha en que la ciudad de Baudelaire fue liberada. Estos gabachos no tienen ni puta idea.

Otra de las simpáticas peculiaridades que ha rodeado esta celebración del 23-F, es que celebramos algo que no conocemos, pues una todavía vigente ley franquista de 1968 permite que la documentación oficial sobre aquel día bigotero y tricornial permanezca secreta. El pueblo español aun no goza del derecho a conocer lo que sucedió en aquellas calendas. Nuestra cacareada democracia plena solo se puede mantener caliente bajo el confortable manto de la ignorancia.

Por aquel 23-F solo fueron enjuiciadas 30 personas, 29 militares y un solo civil. Y, al rato, todos menos el montaraz Antonio Tejero fueron indultados o puestos en libertad por patrióticas razones. España siempre ha sido siempre muy indulgente con sus golpistas, salvo que el golpe se ejecute con urnas y los sediciosos sean catalanes. Para el español de bien, una urna será siempre más peligrosa que una pistola. Por eso asesinar a un toro drogado es arte más apreciado que escribir un soneto en alejandrinos. Ya he insinuado que en lo de ser especialitos no nos gana nadie.

Tampoco deja de ser curioso que el héroe oficial de aquella jornada que ayer celebrábamos, ese Juan Carlos Primero del que usted me habla, haya pasado la gloriosa onomástica exiliado de Abu Dabi, quizá sufriendo todo tipo de privaciones.

Cuando yo era mucho más joven y mucho menos indocumentado, a finales de los 90, se me ocurrió escribir una novela que fantaseaba sobre el papel de nuestros servicios de inteligencia y del rey Juan Carlos en la trama golpista. Y uso el verbo fantasear porque, para mi sorpresa, apenas existía bibliografía sobre unos sucesos que pudieron transformar radicalmente los destinos de nuestro noble imperio. Mis fuentes fueron un par de ex espías que conocía de los bares y de los que no me podía fiar mucho --cualquiera se fía de un espía--, y un exhaustivo dossier de prensa de un millar de páginas que le robé a mi director de entonces.

He seguido desde entonces coleccionando libros sobre el asunto, y puedo asegurar que sobre aquellos hechos poca luz más se ha arrojado desde nuestro corpus historiográfico. ¿Para qué conocer tu propia historia, si es mucho más español y divertido inventársela? No es casualidad que nuestros más prestigiosos hispanistas no sean españoles.

Pocos años después de publicar yo aquella novela, el superespía patrio Juan Alberto Perote (que dirigió la lucha anti-involucionista en el Cesid precisamente tras el 23-F) sacó dos libros bien curiosos. Unas memorias y 23-F: ni Milans ni Tejero (Ed. Foca, 2001).

Allí supimos, creo que por primera vez, de la declaración del golpista Milans del Bosch ante el fiscal que llevó la causa: "[Juan Carlos I] estaba harto del señor [Adolfo] Suárez y estaba dispuesto a cambiarlo", le había transmitido el también golpista general Alfonso Armada, preceptor del Campechano. Como advertiréis, nada más normal en una democracia plena que un rey harto de un presidente y dispuesto a cambiarlo.

Otra joya de Armada y Milans: "Parece ser que la reina se inclinaba por un gobierno de militares". Y Juan Carlos "estaría dispuesto, si se producía alguna acción violenta, a reconducir [la situación]".

FISCAL: ¿Reconducirla ustedes?

MILANS: No, no. Reconducirla el rey, naturalmente.

Pero de estas cosas no se debe hablar. Los españoles no estamos preparados aun para conocerlas. Como tampoco se conoce nada de los empresarios y oligarcas que financiaron la preparación del golpe. Lo que os digo: mientras nos mantengamos en la ignorancia, podremos seguir gozando de nuestra democracia plena.

PS: como nunca viene mal un poco de autobombo, y últimamente nadie me llama guapo, deciros que la novela se publicó originalmente en galego (Á de mosca, Ed. Xerais 1998), después en castellano (Ala de mosca, Akal 2017) y en francés (Comme un blues, Ed. Asphalte 2017).