Rosas y espinas

Ayuso la 'indepe'

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, pronuncia un discurso durante su visita de este martes a Alcalá de Henares. EFE/ Fernando Villar
La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, pronuncia un discurso durante su visita de este martes a Alcalá de Henares. EFE/ Fernando Villar

Como sigamos así, sospecho que poco va a tardar Isabel Díaz Ayuso en montarse un primero de octubre y declarar unilateralmente la independencia de Madrid. Una independencia no ya del resto de España, sino de Europa, del planeta, del universo mundo. Uno, como madrileño de adopción, pensaba que ya lo había vivido todo con Esperanza Aguirre. Pero llegó Cristina  Cifuentes y superó las expectativas con su máster y su chonismo de ladronzuela de cremas. Y se fue Cifuentes y nos llegó IDA, y ya no sospecha la gente qué nos puede deparar el futuro cuando se vaya.

La última ocurrencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido de inspiración trumpista. Pasando de las agencias española y europea del medicamento se ha ido a Moscú a cambalachear con Vladimir Putin la vacuna rusa.

Libertad o comunismo. Sin ningún pudor, ha despreciado el acuerdo europeo de compra común de las vacunas que pretendía garantizar un reparto equitativo, justo y meditado entre todos los socios europeos. Ayuso, eso de la Unión Europea, se lo pasa por el forro, siguiendo la deriva viva-la-virgen que ya iniciara José María Aznar con su fuga hacia el vasallaje a los EEUU que nos llevó a invadir Irak con un pretexto de cuento de hadas.

Lo que pasa es que Ayuso también ha superado aquello, al menos en términos geográficos. La derecha española siempre ha rendido pleitesía a los USA. Lo explicó muy bien cuando la citada invasión Miguel Ángel Rodríguez, hoy asesor de nuestra presidenta: "Para una vez que vamos con el Séptimo de Caballería...", justificó el zangolotino pepero aquella masacre sin sentido. Lenguaje infantil, ideas criminales.

Lo de Ayuso ya tiene connotaciones cómicas. Solo le falta explicar que no mandó a sus valets a Rusia únicamente por las vacunas, sino que aprovechó para traerse otra vez a España el mítico oro de Moscú.

Esta estrategia ayusista de convertir el disparate en una forma de vida y de hacer política, sorprendentemente, la ha convertido en el valor más sólido y pujante de la derecha española. Casado, en este momento, es solo sombra de una caricatura. No desea el cronista ser malo ni ofender a nadie por la inclinación de su voto, pero es que ya no entiende uno esta pertinaz querencia del elector conservador madrileño por las figuras más frikis del panorama político español.

Tan friki es Ayuso, que hasta está a punto de borrar del mapa el frikismo casi insuperable de Vox, de Rocío Monasterio. Tanto es así que IDA, de morir, solo lo hará de éxito: consiguiendo que los fascistas sin complejos no lleguen al 5% de los votos y no pueda sumar para revalidar la presidencia.

Hasta ahora, el único popular que había conseguido diluir la pujanza neofascista de Vox era el gallego Alberto Núñez Feijóo, algo estéticamente comprensible, ya que Feijóo parece un entrañable funcionarillo decente salvo cuando se deja dar cremita solar en la espalda por turbios narcotraficantes. Feijóo sí que da el perfil de muchacho que te puede acompañar a misa después de ir a votarle.

El misterio Ayuso, ya se dijo, ha superado con creces y en poco tiempo al misterio Aguirre y al misterio Cifuentes. Y no sería de extrañar, tal y como andan los cerebros patrios, verla un día de estos decorando el Palacio de la Moncloa. Independiente de su partido. Independiente de España. Independiente de Europa. Y, por supuesto, independiente del sentido común. País, que diría Forges.