Rosas y espinas

Heroínas a su pesar

La ministra de Igualdad, Irene Montero (i) y la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra (d), a su llegada al acto 'Infancia con Derechos: Plan de Acción Estatal de la Garantía Infantil Europea’, en CaixaForum Madrid, a 6 de julio de 2022, en Madrid (España). - EUROPA PRESS

A nuestra derecha cavernaria le ponen mucho las ministras de izquierdas. Hablan de ellas como si tuvieran una copa de coñá en una mano y una viagra en la otra. Así imagino siempre a Carlos Herrera, por ejemplo, cuando brama sobre ministras de izquierdas, feminismo, pelos en el sobaco y fregonas.

Ya en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero empezó este cherchez la femme rouge con Leyre Pajín. No sé si os acordáis. El hecho de que su ministerio se bautizara como de Sanidad, Política Social e Igualdad excitó mucho el ingenio testosterónico de nuestros machos que madrugan pistola en mano. Que un ministerio se dedicara a la Igualdad les parecía cosa de guarras. Y se inventaron para Pajín el ingenioso sobrenombre de la ministra de Igual Da. Como si las asesinadas cotidianas igual dieran.

La ministra Pajín tenía el día de su nombramiento 34 años, lo que engonadizaba aún más el debate, hasta el punto de que el viejo alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva (PP), no ocultó en público sus sueños húmedos al referirse a ella en estos términos: "Cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí". Aclarar que León de la Riva (treinta años mayor que Pajín) no tenía precisamente aspecto de atleta sexual ni de nada sexual, por lo que la repugnancia de la ex ministra ante tamaña insinuación debió de provocarle algo más que un  vómito. Me lo provocó incluso a mí.

Con Pajín se hacían también muchas bromas a costa de su apellido, pues el ingenio machirulo no tiene límites. Ya os podéis imaginar a media bancada popular encerrada en los lavabos del congreso haciéndose adolescentes leones de la riva, por decirlo en plan muy fino.

A nuestra derecha le gustan las despistadas. Ana Mato, por ejemplo, que tenía el Jaguar de su marido en el garaje y no se enteró. Cristina de Borbón, que pensaba que el palacio de Pedralbes se lo había regalado a su príncipe consorte un unicornio millonario llegado del País de Nunca Jamás. La reina Sofía, paradigma de la hipocresía doméstica machista elevada a lo institucional. Esas son las modelos de la feminidad derechista. A las que la igualdad les da igual si les ponen un jaguar o un palacio entre las bragas de seda.

Por la parte macho, mi ejemplo preferido lo encuentro en Francisco Granados y sus cuates proponiendo celebrar una mordida al dinero público con un volquete de putas. Qué derroche de poesía y esperma. Queipo de Llano redivivo y José Antonio en las estrellas.

Ahora nuestra derecha se vuelca sobre la también muy apetecible Irene Montero, pues no solo es joven y aseadita y estudiada, sino que además es la mujer y la madre de los hijos de Pablo Iglesias. Lo tiene todo para excitar los más bajos instintos de la carcundia. Y yo sinceramente ya dejo de preocuparme del aspecto político de estas persecuciones. Y me pregunto cómo estas mujeres pueden soportar ese asedio cotidiano. No sé si serán heroínas de cuna, pero en heroínas (a su pesar) las están convirtiendo.