Rosas y espinas

15 años: medios y miedos

Redacción del diario 'Público'.
Redacción del diario 'Público'.

Lo difícil no es hacer un buen periódico. Lo difícil es que no te compren antes de intentarlo. Y en eso Público, con sus millardos de infinidades de defectos imperdonables, ha cumplido quince años sin entrar en almoneda. No entrar en almoneda, en estos tiempos de desinformación y bulos tan bien pagados, es gratificante para un poeta y para un periodista que anhela ser pobre pero honrado, que decían los abuelos.

Recuerdo cuando nació Público y nombraron de primer director a Ignacio Escolar. Lo primero que planteó fue dejar de asistir a ruedas de prensa. Los periodistas están mejor en la calle que preguntando chorradas a un político que no te las va a contestar en una rueda de prensa que puedes ver por streaming. Un periodista en la calle hace daño. Cuando lo sientas en una rueda de prensa, se convierte en inofensivo. Transformar a un observador en un preguntador es la mejor forma de no encontrar nunca su visión de los hechos. Una pregunta puede ser respondida arteramente, una observación (de observar, con tus ojos de periodista), no. El periodismo declarativo es el gran cáncer de la verdad: te deja escuchar, pero no ver. No replicar con lo que han visto tus ojos.

Público apostaba por eso. Por las calles, y no por las ruedas de prensa ministeriales. Y por eso, durante un tiempo, Público se convirtió en el 15-M periodístico siete años antes de que naciera el 15-M. Público rompió el bipartidismo mediático antes de que Podemos lo hiciera en lo político. Jesús Maraña y Manuel Rico dirigieron y digirieron esa transformación después de Ignacio Escolar. No se ganó mucha pasta, pero se cambió el país.

Los periódicos pequeños son una historia interminable que tiene más de interminable que de historia. Son interminables porque se los puede ningunear, pero no aniquilar. Y son historia aunque la historia siempre la escriban los vencedores, no los informadores. Ya vendrán otros tiempos. Se llamarán hemeroteca.

Hablo de vencedores porque, evidentemente, la mentira anda venciendo a la verdad en esta batalla por la comunicación. Los hacedores de bulos ganan mucho más que cualquier periodista honesto. Alvise Pérez, bulero de la ultraderecha, acaba de ser condenado a pagar 60.000 euros por una de sus mentiras. No tiene un medio fuerte detrás. Alvise en un nadie tras un invento ultra. Se puede permitir los 60.000€. Una multa que este periódico no podría afrontar. ¿De dónde le viene a esta gente el dinero? Es tan fácil de saber que no lo pienso contestar.

Los periódicos pequeños somos el hilillo de plastilina que te cuenta el Prestige. No podemos competir con los grandes. Podemos ver el hilillo, pero no tenemos dinero, como el País El Mundo o ABC, para bajar submarinistas al naufragio. Pero los hilillos nos son suficientes para predecir una catástrofe. Tenemos menos medios que miedos. Hasta que vosotros, lectores, queráis.