Rosas y espinas

Roma sí paga Vaquerizos

Mario Vaquerizo en el anuncio de la Comunidad de Madrid para FITUR
Mario Vaquerizo en el anuncio de la Comunidad de Madrid para FITUR

Os juro que hasta hace unos días no sabía quién era Mario Vaquerizo. Quizá me sonaba algo de la tele basura, pero nunca bajo la basura viendo la tele. Tampoco sabía que era el marido eterno de Alaska, la de la movida, la de Almodóvar, la de los Pegamoides. Me sonaba su cara de cameos en buen cine español, pero nada más. Vaquerizamente hablando, estaba en la oscuridad más tenebrosa. Mas todas estas ignorancias mías se diluyeron el otro día, cuando no sé dónde vi un vídeo en el que Vaquerizo y Alberto Núñez Feijóo se abrazaban. Era como observar el abrazo de Gregorio Samsa, después de sórdida pesadilla, con la hija vegana de Drácula, tras haberle succionado la yugular a una coliflor. La derecha encorbatada de toda la vida abrazándose a las reinonas pringuis y con piojos de diseño de la vieja movida. Es lo que me faltaba por ver. Ai, Feijoíño, co ben que che botaba a cremiña o Marcial Dorado, e agora marchas con este...

Con Alaska y Mario Vaquerizo, y con otras similares joyas, la vieja movida de los 80, tan revolucionaria, se nos ha vuelto de derechas, y se dice estas cosas con Feijóo:

—Un placer conocerle —susurra Nancy Anoréxica (su nombre artístico) Vaquerizo.

—Me han dicho que es el mejor —responde Feijóo, acertando siempre.

—No, no... El mejor es usted.

Y así hasta que aparece Isabel Díaz Ayuso, aparta de un pescozón al presidente del PP, y se da un piquito culebreante con este revolucionario de la posmovida madrileña a quien Feijóo, si lo viera paseando por su calle, denunciaría apelando a la ley de vagos y maleantes.

—No nos hemos dado un beso de milagro— le dijo IDA a Vaquerizo delante de todas las cámaras, casi con humectancia endométrica.

—Muchas gracias por contar conmigo— contestó él, presuponiendo que IDA sabía contar.

Que sí sabe.

Mario Vaquerizo ha protagonizado el último anuncio del PP de Madrid para promocionar el turismo de calidad en la ciudad. El anuncio consiste en una rubia, que tiene muchas reuniones y mucho dinero ajeno para gastar en Madrid, y se encuentra a un camarero (Vaquerizo) que la convence de que se quede, de que engañe a su jefe, a su marido y a su amante, y les diga que no tiene otro remedio que quedarse en Madrid.

Si no fuera por mi incorruptible amor por los frikis, diría que este anuncio es la mayor frikada desde que Ayuso dijo que Julio Iglesias era su poeta preferido.

El frikismo de la Movida ochentera tenía un sentido revolucionario: con sus pelos, sus ropas, sus versos y piercings de colores echaron luz sobre la España sepia del franquismo, como quien arroja botes de pintura contra la pared de un hospital para ciegos. Hoy personajes como Mario Vaquerizo, Alaska, Ramoncín, Sabina, Victoria Abril y tantos otros revolucionarios de la movida utilizan esos mismos botes de pintura arrojadiza para decorar los salones de aquellos mismos a quienes querían, entonces, epatar. A cambio de un dinero, por supuesto. Ellos asustaron a los burgueses con su policromía y sus ansias de que supieran que se follaba mucho, pero los burgueses los asustaron más cuando sacaron sus chequeras y los compraron, y ya no follaron tanto, y se casaron, y se dejaron contratar por la tele cutre para proclamar su amor al catolicismo. Las chequeras son las posmodernas burras de San Pablo, según el evangelio de la Movida.

Una de las obras magnas de Mario Vaquerizo es su libro biográfico sobre Fabio McNamara, expareja musical, cinematográfica y sentimental de Almodóvar. Otro revolucionario de la Movida que, en 2018, fue con una bandera franquista al Valle de los Caídos para protestar contra la exhumación de Franco: "El Valle de los Caídos y su cruz serán eternos, las fuerzas del mal no lo podrán destruir porque es todopoderoso". Pidió la resurrección de Franco, que "salga vivo y sea nuestro caudillo". Este es el ídolo cultural de Vaquerizo.

Ahora Vaquerizo, entre teles de Ayuso, documentales de Ayuso, millones de Ayuso y besos de Ayuso, quizá no tiene tiempo para recordar qué fue la Movida. Qué quiso ser la Movida. Qué no fue la Movida. No es por malmeter, pero a la Movida le pasa un poquito lo que al PSOE. Que no fue tanta movida.