Ruido de fondo

Necesitamos un chulo

Al tejido social le sienta bien la derecha. Incluso la extrema derecha. Yo sólo viví los últimos doce años del franquismo, así que no puedo hablar. Pero sí me acuerdo del fervor cívico de los últimos años setenta. Aquellas manifestaciones, aquellos disparos al aire que siempre mataban a alguien, el ruido de sables, la dimisión de Suárez, el intento de golpe de estado... Y la gente tomando la calle casi todos los días.La llegada del PSOE acabó con aquel compromiso ciudadano. Habían ganado los nuestros, y no tenía ningún sentido seguir protestando. Eso se pensó. Tanto lo pensamos, que nos quedamos dormidos, tontos de nosotros. Y pasó lo que pasó. Cuando nos despertamos el joven izquierdista Felipe ya se había convertido en el señor González y hubo que organizarle una bellísima huelga general. ¡Qué desconexión la de Televisión Española! ¡Qué conexión la de los ciudadanos!Volvimos a sentir el mismo entusiasmo hace unos años. La insolencia nos sacó de nuevo a la calle contra la guerra del caudillito. Con Zapatero nos hemos vuelto a dormir, aunque estamos teniendo un sueño inquieto. Menos mal que existen las autonomías, y que en una de ellas gobierna otro de estos caudilletes de playa. Con su revolucionaria ocurrencia de enseñar en inglés Educación para la Ciudadanía quiso convertirse en el Che Guevara de la extrema derecha, pero se ha quedado en Jaimito.Con todo, su gesto no ha sido inútil. La chulería ha revitalizado el tejido social valenciano, ha unido a la comunidad educativa, tan maltrecha siempre, y le ha dado una causa contra la que despertarse y luchar. Ojalá no se duerma.