Ruido de fondo

Dejà vu

El término contrato basura se acuñó durante la presidencia de Felipe González para designar un tipo de contrato temporal que acabó siendo el más común entre los jóvenes. Aquella reforma se hacía, según González y su ministro Solchaga, para estimular el empleo. Contra ella se convocó una memorable huelga general que alcanzó el 90% de la población activa. Hubo una especie de comunión social contra aquel andaluz sin piel de cordero.

La segunda huelga general se convocó en enero de 1994, con un moribundo González y siendo ministro de Economía el actual presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán. Al parecer, aquel contrato basura no había estimulado lo suficiente la mortecina libido de la patronal, y hubo que fomentar los contratos de bajo salario (de aprendizaje se llamaban, o algo así) y recortar algunas prestaciones por desempleo para ponerla cachonda. A la patronal, digo.

Pero el afrodisíaco no debió de funcionar porque dos años después Aznar y su ministro Aparicio reformaron de nuevo las relaciones laborales y quitaron un poquito de aquí y otro poquito de prestaciones por desempleo. En junio de 2002 los sindicatos convocaron una exitosa huelga general que el mentirosillo de Aznar, fiel a su costumbre, intentó primero negar y luego maquillar con datos falsos.

Y así hemos llegado hasta hoy, cuando vuelven a oírse los mismos argumentos sobre la disfunción eréctil de la patronal y la necesidad de estimularla pese a que lleva 15 años sin responder a las caricias socialistas y populares. Estos días he reconocido las voces de González y Aznar. Salen ahora por la boca de Zapatero, poseído por ellos como la niña de El exorcista. Y el miércoles, la consabida huelga general.