Ruido de fondo

Mi Rubalcaba particular

A mí Rubalcaba me da miedo. La primera vez que lo vi fue allá por 1987, cuando era secretario general con el ministro Maravall de Educación. Bachilleres y universitarios se habían echado a la calle convocados por el Sindicato de Estudiantes, que protestaba por la limitación de plazas en Facultades y Escuelas. Televisión Española, que entonces era la única, organizó un debate entre este Rubalcaba y un estudiante de Historia, representante del sindicato.

La discusión como era de esperar terminó crispándose, porque el universitario era tan buen dialéctico como el político. La tensión llegó a su extremo al final, cuando Rubalcaba, notablemente irritado por el atrevimiento del estudiante de Historia, le dijo algo así, más o menos: "Lo que le pasa a usted es que está frustrado porque ha elegido una carrera devaluada y necesita este tipo de liderazgo para sentirse útil en la sociedad". Me indignó que un representante del Ministerio utilizara un barriobajero y venenoso argumento ad hominem. Pero aún me dolió más que un casi ministro de Educación socialista se mostrara tan soberbio y prepotente, y tildara de "carrera devaluada" la Licenciatura de Geografía e Historia. Eso lo decían los fachas.

En mi memoria, esta anécdota se ha convertido en metáfora. Me acuerdo de ella cuando me pregunto por qué la nociva generación de socialistas encabezada por González constituyó la decepción más colosal que ha sufrido la izquierda española en todo el siglo XX. Aquellos jóvenes socialistas, de los que Rubalcaba es hoy un admirable superviviente, no habían llegado al Gobierno para regenerar nada. Se habían dejado por el camino el espíritu humanista e ilustrado que una vez inspiró a los fundadores de su partido. Desde entonces, cada vez que lo veo, me da miedo.