Ruido de fondo

Probablemente

 En medio de la fealdad y la desesperanza surge un rayo de luz, como diría Don Benjamín, el párroco que me dio la primera comunión. Incluir en los autobuses urbanos de Londres, Madrid, Barcelona y Sevilla la leyenda "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida" es uno de los acontecimientos civiles más bellos de los últimos meses. Pese a las televisiones y a las loterías, todavía hay vida inteligente entre nosotros. La agresiva mercadotecnia de las religiones ha arrinconado durante siglos la pacífica y valiente sospecha de que todos los dioses son un cuento. Con lo del autobús no se trata tanto de hacer proselitismo cuanto de hacerse visible. Como dice este periódico, los ateos han salido del armario. Y es verdad: sólo falta un Día del Orgullo Ateo, todos disfrazados de diablillos. Pero lo más bello es el probablemente. No estamos seguros de casi nada, dice este adverbio, ni siquiera de la inexistencia de Dios. Nosotros dudamos de que exista, pero admitimos la posibilidad de estar equivocados. La tolerancia y el humanismo de esta palabra destaca aún más al lado de la contrapropaganda evangelista, que también ha recurrido a los autobuses para difundir la buena nueva: "Dios sí existe". Lo que no existe por tanto, parece decir esta afirmación tan rotunda, es la posibilidad de pensar otra cosa sin estar equivocado. Un poquito más de probablemente no vendría nada mal. Como preguntó mi hija el 6 de enero, rodeada de juguetes: ¿por qué hay niños que creen en Dios cuando todo el mundo sabe que no existe y no creen en los Reyes Magos, que acaban de dejarme todo esto?