Ruido de fondo

Alarma roja, alarma roja

Vi la sesión de control al Gobierno el pasado miércoles y comprendí que en el PP se han encendido todas las alarmas. Si no, no se explica que le hayan quitado el bozal a ese Rafael Hernando.

Pintan bastos. Según todos los indicadores, la situación económica corre el riesgo de mejorar a lo largo de 2011, lo que a estas alturas de la legislatura es una faena. Además, Rubalcaba, con su verbo florido y sus indiscutibles dotes pedagógicas, es muy capaz de explicarle a la gente que ellos —los del PP— habrían aplicado la misma política económica que Zapatero para combatir esta crisis. Y que si alguna diferencia hay entre los dos grandes partidos es que las medidas económicas del PP igual habrían sido más izquierdistas que las aplicadas por el PSOE. ¡Y la gente es muy capaz de comprenderlo y de empezar a pensar que Rajoy es un zángano!

Pero lo que más le atormenta al PP es el peligro real de que ETA anuncie su disolución durante lo que queda de legislatura. Esto sí que sería una catástrofe. La maquinaria más siniestra del PP se ha puesto en funcionamiento lenta pero inexorablemente, dispuesta a abortar (sí, abortar) cualquier suceso que pueda desbaratar sus previsiones electorales, hasta ayer tan halagüeñas.

A este fin profiláctico (sí, profiláctico) responde la concepción teológica del problema etarra que Aznar y sus comparsas ya han empezado a pregonar por las esquinas. A saber: que el entorno de ETA, es decir Batasuna y por extensión la ideología abertzale, y por extensión cualquier tipo de separatismo, jamás podrá presentarse a unas elecciones democráticas por estar marcado para siempre con el pecado original e indeleble de su relación con la banda terrorista. Ya puede desaparecer ETA mil veces: Batasuna es Satanás.