Ruido de fondo

Objetores de pacotilla

Objetores de conciencia llaman a los que se niegan a recibir clases de Educación para la Ciudadanía. O a los funcionarios públicos que no quieren casar parejas homosexuales. O a los médicos de la Seguridad Social que no practican abortos legales. Yo estoy por negarme a pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles, que me parece inmoral, pero no creo que me llamen objetor. En la ‘Constitución española’ la única objeción de conciencia que se reconoce es al servicio militar cuando era obligatorio. Los Testigos de Jehová fueron los primeros en negarse a cumplirlo y varios fueron procesados en 1958 por un delito de desobediencia. Desde entonces hasta 1976 pasaron por prisión 285 objetores, cuyas condenas sumaron 3.218 años. Entonces la insumisión no salía gratis.Estos nuevos objetores de conciencia son los mismos que piden reservar la palabra ‘matrimonio’ para las uniones de un hombre con una mujer. Me pregunto por qué no aplican esta extraordinaria sensibilidad gramatical al término ‘objeción de conciencia’. Colocar a Rouco Varela o a Benigno Blanco al mismo nivel que aquellos insumisos que pagaron con prisión la fidelidad a unas ideas es una frivolidad grotesca. Pero quizás yo esté equivocado y esas plataformas de padres contra la Ciudadanía sean también mártires de la libertad. No tardaremos en comprobarlo. La sentencia del Supremo les da una oportunidad fantástica para demostrar al mundo la sinceridad y la fortaleza de sus creencias. Orgulloso me sentiría yo de Rouco si lo viera seguir el ejemplo de Santa Leocadia y aceptara ir al talego por negarse a cumplir las imposiciones totalitarias del maligno Zapatero.