Ruido de fondo

Bendita mediocridad

Hasta ahora eran los entrenadores de fútbol los únicos que volvían a encontrar trabajo tras haber fracasado en su equipo anterior. Pero esta situación ha cambiado con la crisis. Ahora a este gremio hay que añadir el de los banqueros y el de los analistas financieros.

El informe del FMI sobre el funcionamiento de la institución durante la dirección de Rodrigo Rato —o Rodrigo de Rato, como se hacía llamar entonces— dibuja un organismo caótico, paralizado por las luchas internas y fiel servidor de los poderosos mediante la redacción de informes falsos; una institución que a causa de todo ello no pudo, o no quiso, predecir la mayor crisis financiera sufrida tras la Gran Depresión. Con Rodrigo de Rato al frente, el FMI recetó durante años los remedios que nos estaban llevando a la ruina y puso como modelo a los países que estaban provocando el desastre. Ahora ya sabemos por qué De Rato huyó despavorido poco antes de que todo saltara por los aires. Por motivos personales.

El director de un organismo que ha funcionado de ese modo es, en el mejor de los casos, un profesional incapaz. Lo asombroso es que un tipo que ha hecho tan rematadamente mal su trabajo consiga un puestazo al día siguiente de salir por piernas. Exactamente igual que un entrenador de fútbol, sólo que Rodrigo de Rato no se fue a entrenar al Écija, sino a presidir Caja Madrid. Claro que podría haber sido peor. ¿Recuerdan cuando la cosa estaba entre este sujeto, un tal Acebes, Mayor-Oreja y Mariano Rajoy? De haber elegido Aznar al que entonces parecía más brillante, hoy el líder de la oposición y futuro presidente no sería un político mediocre, sino un peligroso incompetente. O algo peor.