Ruido de fondo

Un etarra en campaña

Sale uno de ETA a la calle, pide el voto para Bildu y algunos en el PP se vuelven locos. La pancarta del etarra, dicen, demuestra la conexión de ETA con la coalición, y la de ambas con el Gobierno. Pero no es necesario que un etarra entre en campaña electoral para saber que los que antes se reunían alrededor de ETA lo harán en el futuro alrededor de un partido independentista. ¿Qué esperaba el PP? ¿Que el etarra pidiera el voto para Esperanza Aguirre?

En el PP saben que la normalización del País Vasco pasa por la creación de un partido que defienda las ideas independentistas de ETA. Y saben que eso es lo que todos -ellos también- hemos querido siempre. Y saben que sería una buena noticia que ETA en vez de pedir el impuesto revolucionario pidiera el voto para Bildu. Lo saben, pero no lo van a decir. Porque saben también que la histeria anti-ETA atrae esos votos de extrema derecha que ellos no pueden perder. ¡Qué catástrofe sería para todos —pero también para el PP— el nacimiento de un partido a lo Le Pen!

Además, mientras se hable de las listas contaminadas por los terroristas no se hablará de las listas contaminadas por los corruptos. Eso sí que es un fraude de ley. ¿Le interesará también al PSOE que no se hable de las auténticas listas tóxicas? Aunque la corrupción duele menos que el terrorismo, para la democracia es más peligroso un corrupto en ejercicio que un etarra en campaña electoral. Que quienes antes pegaban tiros peguen ahora carteles es una victoria de la democracia. Que los corruptos de ambos partidos sean candidatos -y que la gente los vote- es una derrota del sistema, un atentado indoloro pero muy destructivo.