Ruido de fondo

Sí, yo soy antisistema

Como tantos otros yo también asisto con esperanza y escepticismo a las acampadas. Era tan descorazonador el panorama que casi me basta con saber que los jóvenes se indignan también con las injusticias del mundo analógico. Pero con eso no puede bastar. La Spanish Revolution se quedará en folclore si al final no se consigue una profunda reforma del sistema, la que prometieron los políticos cuando estaban dispuestos a refundar el capitalismo.

Algunas reivindicaciones que se plantean son de sentido común y no será difícil alcanzarlas: que los políticos imputados no puedan presentarse a las elecciones. Incluso es posible que nos concedan una reforma de la ley electoral. Pero todo esto, con ser importante, no deja de ser el chocolate del loro. Aquí lo que se necesita es una reforma  estructural del sistema, y eso por desgracia no se consigue acampando en las plazas de toda España, si al mismo tiempo los alemanes, los franceses, los ingleses y los estadounidenses no acampan también en las suyas. Y aún así tengo mis dudas de que se consiga reformar el sistema, si los chinos no acampan —y dudo que lo hagan otra vez— en la plaza de Tiananmen.

Por cierto, que no entiendo por qué la gente decente se ofende cuando la llaman antisistema. Como si este sistema fuera respetable. En uno como el nuestro, con 20% de paro, donde la mayoría no llega a mil euros mientras los bancos —salvados de su propia codicia con dinero público— obtienen beneficios, reparten sueldos millonarios y ejecutan sin piedad las hipotecas de los mismos que les han ayudado, en un sistema como este, digo, lo más decente es ser antisistema.