Ruido de fondo

Uhhh, uhhh, uhhh

Para evitar que la gente tome las armas en una crisis como esta hay que mantener el miedo de las clases medias a perder sus modestas propiedades, y no llamar nunca a las cosas por su nombre. Como ya advirtió Orwell en su 1984, la neolengua es esencial para el control de la población.

Nacho Escolar denunciaba aquí el otro día esta manipulación del lenguaje, que ahora llama copago a lo que en realidad es repago. Una manipulación que empezó hace mucho tiempo, cuando los ciudadanos fuimos reducidos a consumidores, los trabajadores convertidos en recursos humanos y el despido dulcificado con las siglas ERE. El paro dejó de ser consecuencia de ese despido, para convertirse en un fenómeno atmosférico que se produce cuando no hay suficiente flexibilidad laboral, un caramelo sugus que evita la palabra esclavismo.

Si un niño tuviera que dibujar los famosos mercados financieros, seguro que dibujaba a Darth Vader y su rostro de hierro. De eso se trata, de dar mucho miedo, de que el ataque de los mercados provoque en quien lee la noticia terror, llanto y rechinar de dientes. Que nadie nunca quiera estar en el centro de una tormenta financiera, con sus huracanes, sus olas de 20 metros y la sensación de ser insignificantes, de que moriremos ahogados.

Por eso, cuando llega el ministro de turno y dice que bajará los sueldos, que congelará las pensiones, y que privatizará los servicios públicos para protegernos de la tormenta y evitar el temible ataque de los mercados, la gente no sólo no se rebela, sino que da las gracias a la siempre vigilante agencia Moody's y a nuestros bancos, atléticos y saludables, que han superado como buenos campeones las pruebas de resistencia.