Ruido de fondo

Obviedad

Para nuestro razonamiento da igual que sea ETA o una secta satánica que liquida a sus víctimas siguiendo una delirante lectura del Apocalipsis. Si ese fuera el caso, todo el mundo se alegraría de que semejante hatajo de psicópatas abandonase sus sacrificios.

Por eso me cuesta tanto trabajo comprender que la primera reacción ante un comunicado como el de ETA no sea simplemente de alegría y alivio. Y no me estoy refiriendo a quienes preferirían desde la extrema derecha que el terrorismo no desapareciera jamás. A esos ni me molesto en glosarlos. Estoy pensando en gente que no es miserable, pero que ha escrito cosas que no entiendo. Respetables analistas políticos, intelectuales a quienes este comunicado de ETA les parece que ni fu ni fa.

Lo curioso es que ninguno de ellos hubiera mostrado esta indiferencia el 11 de diciembre de 1995, cuando ETA reventó una furgoneta de la Armada a su paso por Vallecas. Si ese día los etarras hubieran publicado esta misma resolución, los que ahora ponen peros al cese definitivo habrían saltado entonces de alegría.

Si es precaución, me parece comprensible, pero excesiva. Con Batasuna pidiendo el fin de ETA, hemos llegado a un punto de no retorno. Que ETA no se disuelva tampoco me parece una amenaza, dado su lamentable estado; me parece más bien un coñazo, porque hay que seguir persiguiéndola y buscando zulos. Y tampoco hay que amargarse si los asesinos no piden perdón. Si no piden perdón, no se les perdona: un Estado de derecho no debe ser generoso con quien no lo necesita. Francamente, lo que importa de esta historia es que ETA ha dejado de matar. Y que lo ha hecho a cambio de nada.