Ruido de fondo

La catástrofe catastrófica

De todas las ocasiones en que Europa ha estado a punto de saltar por los aires esta ha sido la peor. La alarma no ha venido de una central nuclear, sino de la convocatoria de un referéndum. El primer ministro griego ha decidido esta semana preguntarle a su gente si está dispuesta a aceptar nuevos sacrificios. El anuncio de la votación ha hundido las bolsas y todo el mundo se ha puesto histérico: leyendo algunos editoriales no se sabía muy bien si Papandreu quería hacer una consulta popular o una matanza en la cumbre del G-20.

A raíz de este episodio me he acordado del embargo a Cuba, del golpe de estado en el Chile de Allende, de Nicaragua, y en general de la política exterior estadounidense, obsesionada hasta la caída del muro por todo lo que oliera a socialismo. Demostrar al mundo que un régimen anticapitalista era inviable o infernal fue durante mucho tiempo la política oficial. A ella se ciñeron todos sus presidentes desestabilizando gobiernos democráticos, apoyando dictadores y provocando guerras civiles en Latinoamérica.

En Europa la sangre no ha llegado al río. No ha sido necesario asesinar a Papandreu. Él solito ha dado marcha atrás a su insensata idea de consultar a los interesados. Imaginad que la gente dice que no, que no quiere más sacrificios, y que rechaza las recetas de Merkel & Sarkozy. Y lo que es peor: imaginad que no pasa nada, que la maldición que supuestamente iba a caer sobre Grecia si no aplicaba el catecismo liberal, no cae. Y no sólo eso: imaginad que Grecia se sale del euro, que pasa del FMI, y que poco a poco va saliendo adelante. Imaginadlo. Eso sí que sería una catástrofe.