Ruido de fondo

La dominación por el terror

Una de las ideas más repetidas durante las elecciones del domingo fue que votábamos por primera vez sin violencia. Lo mencionaron todos los periodistas y lo celebraron todos los políticos, sobre todo en el País Vasco. Nunca antes, en treinta y tantos años de democracia, se había celebrado un referéndum sin la latente amenaza de los sanguinarios botarates de ETA.

Y sin embargo, pocas veces he visto a la gente más aterrorizada. Aterrorizada no por los tiros, sino por las negras perspectivas económicas. Ha desaparecido la violencia sanguinaria, pero en su lugar ha aparecido otra, incruenta y legal, que no revienta la tapa de los sesos, pero que a unos los deja sin ahorros, a otros sin servicios sociales, a muchos sin casa, a bastantes sin una educación de calidad, y a la mayoría sin una serie de conquistas laborales que ha costado mucho esfuerzo conseguir, y cuya pérdida se acepta con sumisión ante la posibilidad de que las cosas se pongan peor.

Estas elecciones dejan al menos cuatro misterios sin resolver. El primero: cómo es posible que el PP haya sacado semejante mayoría con sólo un puñado de votos más que en las pasadas elecciones. El segundo: cómo es posible que Izquierda Unida, con más papeletas que CiU, haya obtenido menos escaños. El tercero: cómo es posible en pleno siglo XXI que el partido de Álvarez Cascos consiga un diputado. Y el cuarto: cómo es posible que un país empobrecido por el brazo armado de la derecha financiera no sólo no se rebele contra ella, sino que le entregue todo el poder a su brazo político... Aunque pensándolo bien, quizás este último enigma no tenga nada de misterioso.