Ruido de fondo

Bienvenido Mr. Marshall

El llamado ‘imperialismo yanqui’ no consiste solamente en montar una guerra para controlar el petróleo o en apoyar dictaduras sangrientas para favorecer groseros intereses económicos. Hay otras maneras no tan violentas, pero igualmente efectivas, de invadir países y de hacerlos desaparecer al menos en el imaginario colectivo. La primera es la cartografía, una disciplina menos inocente y más influida por el poder de lo que suele pensarse. En la Geografía nacional que se enseña en las escuelas del mundo cada país se sitúa a sí mismo en el centro de universo, proporcionando sutilmente a sus niños una imagen distorsionada, pero nacionalista, del planeta: nosotros somos los más importantes, viene a decir ese mapa de nuestra región colocado en el centro de la página del libro de texto, y los demás están a nuestro alrededor. "¿Me da un mapamundi de Bilbao?", dice el conocido chiste de vizcaínos, que no está demasiado lejos de la realidad.

La segunda herramienta del imperialismo incruento es el lenguaje. Basta con llamar ‘América’ a ‘Estados Unidos’ para conquistar todo un continente sin derramar sangre. Es como si a Francia le diera por referirse a sí misma como ‘Europa’, algo por cierto que podría ocurrir durante la presidencia de Sarkozy. Nunca he oído a Fidel Castro o a Lula referirse a los cubanos o a los brasileños como ‘americanos’. Pero el Che Guevara es tan americano como John Wayne. No lo hacen porque han sido sutilmente despojados de esa condición. Para mucha gente América y USA son la misma cosa.

Que los estadounidenses den a su país el nombre de un continente que tiene 35 estados, 17 dependencias, tres departamentos franceses y un estado libre asociado a los Estados Unidos es hasta cierto punto comprensible. Más que un rasgo de prepotencia es la ingenuidad del fortachón ignorante. Me indigna mucho más el papanatismo y la falta de rigor de muchos comentaristas socialdemócratas, alguno de ellos académico, que estos días han publicado sus análisis de la victoria de Obama en... América. Hasta nuestro presidente del Gobierno ha felicitado al presidente electo de... Norteamérica. Cuando oigo esto o cuando leo esos artículos sobre "América" tarareo en mi cabeza la banda sonora de la película de Berlanga ‘Bienvenido Mr. Marshall’: "Americanooos, os recibimos con alegríaaa..." Se habla de que Europa tiene que hacer de contrapeso a la influencia política de Estados Unidos. Vale, pero ¿qué tal si antes de iniciar tan ambiciosa empresa empezamos simplemente a llamarlo por su nombre?