Sonrían, por favor

Cómo pasa el tiempo. Hace dos años que empezaron a caer bancos estadounidenses y ya estamos hablando de primeros atisbos de recuperación. Recuperación en otros países, no aquí, donde toda nuestra prosperidad provenía de un turismo que sobrevive milagrosamente dada la cutrez de nuestros servicios, y de un sector devastado que no volverá a levantar la cabeza como antes. Eso espero, aunque no las tengo todas conmigo. ¿Se acuerdan del Algarrobico, aquel hotel maligno de Almería? Bueno, pues permanezcan atentos, porque la Junta de Andalucía a la chita callando, a la chita callando, acabará rehabilitando con la complicidad del Gobierno y su contradictoria política de costas esa salvajada urbanística que todavía está en pie. Por los puestos de trabajo, ya saben. Se decía entonces, cuando los bancos caían como moscas, que terminaba una época, que el thacherismo estaba agotado. Y los políticos se reunieron en no sé dónde para refundar el no sé qué. Entrábamos, decían los periódicos, en una nueva era de la civilización. Pero este es el balance dos años después: nos hemos gastado el dinero en remediar una situación provocada por los bancos y la patronal. A cambio ni siquiera hemos conseguido poner sobre la mesa asuntos como la renta básica universal o la tasa Tobin sobre flujos de capital. Ni siquiera se ha discutido en serio sobre la conveniencia de colgar a ciertos banqueros de los pulgares. Todo lo contrario: ¡estamos debatiendo sobre la reforma del mercado de trabajo y sobre si es justo o no que los trabajadores tengan defensa jurídica en caso de despido! ¿Refundando el capitalismo, chicos? Más bien parece que el capitalismo nos la está refundando a nosotros.