Juventudes

Gregorio Peces Barba y otros chicos del montón acusan a Zapatero de preferir en sus gabinetes la juventud sobre la experiencia. ¡Como si Felipe González hubiese recurrido a los veteranos de Suresnes para formar su primer Gobierno! Joaquín Almunia tenía 34 cuando lo nombraron. Se quejan de que Zapatero es un político de ocurrencias, coyuntural, sin un proyecto político a largo plazo. Se refieren al lío del estatuto de Cataluña y a la célebre frase del presidente acerca de aprobar lo que apruebe Cataluña; se refieren a su inacción ante la crisis económica y a sus erráticas medidas fiscales; se refieren a la ley que permite abortar sin padres a los 16 años y supongo que se refieren también, aunque sin citarlo explícitamente, al decreto sobre la TDT, que parece perjudicar a Prisa y beneficiar a la empresa editora de este diario. Estas críticas que recibe Zapatero desde su propio partido tienen mucho de rabieta generacional, provienen de los socialistas nacidos en los años 40, tan enchufados siempre al poder que les cuesta adaptarse a un mundo en el que ya no son ellos quienes cortan el bacalao. Acusan a los jóvenes ministros de cometer errores, y tienen razón: los jóvenes ministros meten la pata como la metieron ellos cuando eran jóvenes ministros. A Zapatero siempre le perseguirán los 400 euros como a González le persiguieron los 400.000 puestos de trabajo de su impetuosa juventud. Repartir un ordenador a cada niño para modernizar la enseñanza y cambiar el modelo productivo del país puede ser una medida ingenua, pero no es comparable al disparate de los GAL, por el que fue condenado el joven ministro socialista José Barrionuevo.