Ruido de fondo

¡Salvemos a Cobo y Costa!

En el comunicado sobre la suspensión de Ricardo Costa, el Comité Nacional de Derechos y Garantías del PP "recuerda a todos los militantes su obligación de abstenerse y de hacer manifestaciones o declaraciones que puedan perjudicar la imagen o disciplina interna del Partido". El PSOE hubiera sacado una nota similar. Casi todos los partidos tienen estatutos que penalizan la disidencia, combaten la libertad de expresión y marginan a las personas por razón de sus ideas. Estas organizaciones de estatutos tan inconstitucionales encarnan según la Constitución "el pluralismo político" y constituyen "el instrumento fundamental para la participación política". Por no hablar de la Ley Electoral que los sostiene o de su financiación, que facilita, si es que no provoca, la corrupción. Para atajarla se necesitan reformas de tal calado, que en la práctica supondrían el fin de los partidos políticos tal y como los entendemos hoy: organizaciones monolíticas, jerarquizadas y autoritarias al servicio del líder y encadenadas a unos intereses económicos incompatibles con la honradez. El descrédito de la política es un fenómeno sin solución, dado que ningún político va a hacerse el harakiri justo cuando llega al poder. Mi única esperanza es que alguien con sensibilidad narrativa derogue esos estatutos predemocráticos no por melindres constitucionales, sino por sentido del espectáculo. Si la política se ha convertido en un producto más de la industria del entretenimiento, no podemos penalizar a personajes como Manuel Cobo o Ricardo Costa, que revitalizan de este modo el guión. Son imprescindibles, sobre todo para los medios. ¡No compraba yo el periódico con esta ilusión desde los tiempos de Roldán!