Ruido de fondo

Los dueños del balón

Había niños que después de Reyes se bajaban a la plaza con el balón que les habían echado, y jugábamos todos. Algunos se convertían en pequeños tiranos. Se tenía que jugar a lo que ellos decían. Los equipos por ejemplo los hacían ellos, y si a mitad del partido se les contradecía en un penalti o en una falta, se marchaban con el balón a casa y nos dejaban a todos colgados. Había reglas claras, pero ellos se arrogaban el derecho de modificarlas durante el juego si se veían perjudicados por ellas. Tenían poder y lo sabían. Y lo usaban. Pienso mucho en el comportamiento de aquellos niños mimados cuando veo en la prensa algún tráiler de esa película de suspense que está a punto de estrenarse titulada "El fallo del Estatut". En el último tráiler que he visto salía el término nación aplicado solamente a España. Entonces iba Montilla y enviaba una carta a 200 entidades catalanas para reclamar una respuesta unitaria contra el fallo. Y justo en ese momento salía Alfonso Guerra y decía que los políticos catalanes estaban en la estratosfera. Era súper emocionante. A mí el Constitucional no me parece sagrado. Ni la Constitución tampoco. Ni España. Ni Catalunya. Ni el Estatut. El juego en cambio sí me lo parece. Cualquier juego. Y más que el juego, ese momento solemne en el que los jugadores aceptan las condiciones y se disponen a jugar. Era entonces, pensaba yo, cuando los dueños del balón tendrían que haber impuesto sus condiciones, no a la mitad del partido, cuando les hacían falta o les pitaban penalti. Los estoy viendo enfadarse, ponerse el balón bajo el brazo, subirse a casa de morros y dejarnos a todos tirados. Qué tramposos.