Ruido de fondo

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Me fascina el capitalismo, qué quieren. Admiro los organismos y los sistemas capaces de regenerase y de sobrevivir mejorados a las crisis. Los virus, que se mutan y se hacen invencibles. Las ratas, que se alimentan, dice la leyenda urbana, del mismo raticida que exterminó a sus antepasadas. Y el capitalismo, que funciona mejor sin Estado, pero que había entrado en una contradicción. Sin Estado no hay controles, pero sin controles hay peligro, y del peligro te salva el Estado.Todo indica que de esta crisis el sistema saldrá mejorado. Seguirá sin haber trabas, ya nos lo advirtieron en la cumbre; pero el Estado se fortalecerá. Los ultraliberales nunca más pedirán su desaparición. Saben que antes o después volverá a haber otra crisis y volverá a necesitarse otra de esas fantásticas inyecciones de liquidez. Yo la necesito todos los días, y la necesito en vena. Pero no me la ponen ni en el culo porque el otro Estado, el que protege y tutela al ciudadano de los abusos del poderoso, ese Estado, ha muerto para siempre.Aquí, por ejemplo, alguien puede tomar decisiones ilegales y destruir luego los papeles oficiales que las documentan, sin que suceda gran cosa. No hay pruebas ni las habrá, dijo González cuando los GAL. ¿Los papeles de los vuelos a Guantánamo? No existen, ha dicho Aznar. Ni existirán. Claro que podría ser peor. En el Reino Unido, a Menezes le reventaron la cabeza a tiros porque llevaba una gabardina muy larga. Ahora están juzgando a la Policía, pero el juez ha puesto severas restricciones al jurado. La primera: que a la Policía no se la condene. Los ingleses siempre a la última.