Menos mal que no se oye lo que pienso (Salud y pensamiento)

Profesionales sanitarios ante la pandemia: “Felicidades, ha sido daño y trauma”

Autor: Juan Antonio Palacios Castaño
Colaboran: Grupo LARCS[i] (Laboratorio Abierto de Reflexión Científica y Social) www.proyectolarcs.com
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Imagen de la película ‘El Hoyo’ de Galder Gaztelu-Urrutia. Netflix, 2019
Imagen de la película ‘El Hoyo’ de Galder Gaztelu-Urrutia. Netflix, 2019

AR:         No puedo quitarme de la cabeza aquella paciente madre de xx hijos que falleció a las pocas horas. Lo sé todo sobre ella.
MH:         SÍ, me acuerdo yo también. Lo sabemos todo de ella. Tampoco lo olvido. No dejo de preguntarme si podíamos haber hecho algo más. Hablamos y nos empleamos del todo para sacarla -solloza-. Perdonad, no puedo hablar de esto, disculpadme.
JP           No pasa nada. Nos pasa a todos. Yo sueño con caras.
AR:         No había habido vivido nada parecido hasta ahora. No sé si podría soportar otra ola.
JP:          Ni yo. Nos ha cambiado el carácter. Me lo dicen en casa.
DN          Si hay que hacerlo se hace, pero no con los que nos dirigen. Han tenido 6 meses y no han hecho una m… Nos van a destrozar.
EC:         No podemos enfrentarnos así, en peores condiciones que antes. Sabemos más, aunque poco, pero no se puede trabajar sin un plan, sin más medios y sin una organización.
DN:         Han tenido tiempo. Y les hemos pasado propuestas.
AR:         Por papeles y propuestas no se quejarán. Pero no escuchan, empezando por los jefes.
MH:         No sabéis cómo me afecta todo esto en mi vida.
(Transcripción directa de un Grupo de apoyo frente al daño vinculado a la pandemia por SARS-COV-2. Junio/20)

1.- "Después de todo, todo ha sido nada, a pesar de que un día lo fue todo"[1]

Hablar de la pandemia producida por el virus SARS.COV-2 (COVID-19) es hablar de Daño y Trauma. Tal vez, el mismo sufrimiento que se produjo en pandemias anteriores y que situábamos en tiempos y localizaciones alejadas de nuestro espacio vital, más seguro y que, nos parecía a todos, tenerlo bajo control, gracias al apoyo de la ciencia[2].

La actual, como catástrofe, no sólo ha traído consigo una crisis mundial de orden económico, sanitario, social y cultural, sino que nos ha arrastrado a un cúmulo de emociones con las que no contábamos: desde la apertura interna de ese lugar profundo de miedos ("el departamento de los miedos" que diría el compañero Emilio), hasta el dolor inesperado por la desaparición y las ausencias, en quienes teníamos depositados nuestros afectos.

Y ese sentimiento de fragilidad también alcanza a nuestro personal sanitario, tanto a nivel profesional como personal: "es el resultado de una exposición a un acontecimiento vital estresante e inevitable que sobrepasa sus mecanismos de afrontamiento"[3]. Precisamente, el concepto de Trauma.

Como apuntaban ya los griegos, "se trata de algo que hiere el sentido de seguridad y bienestar de la persona, llevándoles a la incorporación de creencias falsas o destructivas sobre sí mismo o el mundo que le rodea"[4].

No es exagerado. Le aseguro que no lo es.

Eso es lo que hemos percibido y que estamos intentando evitar con los Grupos Terapéuticos de Profesionales Sanitarios frente al Trauma que se están creando en algunos hospitales. Grupos de trabajo terapéuticos espontáneamente surgidos desde los mismos trabajadores que demandan ayuda ante la vivencia de ver sobrepasadas sus capacidades y desbordada su vida personal.

Estoy hablando de los que están en primera línea: Un grupo profesional que no son, y nunca han pretendido ser, héroes de nada ni de nadie, sino sólo ciudadanos altamente preparados en quienes, como sociedad, debíamos haber depositado nuestra confianza. Personas que tienen dificultades para hablar de lo vivido y, sin embargo, buscan ese lugar de expresión y ventilación emocional; profesionales que se les saltan las lágrimas al intentar hablar sobre ello, a pesar de sus resistencias internas; sanitarios que tratan que lo que están viviendo no les cambie, no modifique sus vidas, sus formas de ser y de sentir, porque los suyos ya lo están notando cuando vuelven a casa.

2.- "Después de nada, o después de todo/supe que todo no era más que nada"[5]

Los profesionales de la sanidad, por su propia construcción y formación, son personas con un alto nivel de sacrificio y autoexigencia. Asumen sobre sus hombros responsabilidades de todo tipo. Que sean capaces de pedir ayuda ante el riesgo de quiebra de su salud mental, supone romper con todo tipo de barreras culturales (¿signo de debilidad?), sociales (¿no eran héroes?) y formativas.

Y han sido en estos espacios donde ha emergido, con toda crudeza, la realidad vivida, que dista de la propaganda oficial y la construcción ‘blandiblú"[6] de algunas muestras de comunicación recientes ("Estoy cansada de bailes y videos moñas de gente de hospitales, que no tienen nada que ver con lo que hemos vivido").

Porque, como dice la voz unánime de todos ellos, "realmente, no estábamos preparados para esto. Nunca lo hubiéramos imaginado. No esperábamos que nos pasara aquí".

Pero dio igual. Se dio un paso adelante y se puso en marcha esa activación del sistema nervioso simpático ("esa adrenalina") que posibilitaba avanzar en momentos de estrés, ansiedad y miedo ("porque no sabíamos a lo que nos enfrentábamos", "pero veíamos a los demás y todos estábamos en lo mismo. Eso es lo que más nos ha servido").

Las consecuencias, en un primer tiempo, eran de esperar: crisis de ansiedad, irritabilidad, insomnio, cambios de carácter, conflictos interpersonales, aislamiento, etc.

El paso siguiente es el agotamiento con síntomas de cansancio, ánimo bajo o depresión, vivencias de culpa por lo realizado o "por no estar a la altura de lo que estaban haciendo los compañeros o por verse cerca de abandonar".

Y fue el ser tan humanos como los demás, tener una vida personal además de la profesional, con los mismos temores que compartimos todos, pero más agudizados, como el ser contagiados o contagiar a sus familias, lo que les llevó a que muchos dejaran sus casas para "autoconfinarse" en espacios externos y dejando de visitar a sus padres mayores ("Llevo más de 5 meses sin estar con mis padres").

El resultado ha sido demoledor. Así lo atestiguan más de 40 profesionales de un mismo centro hospitalario, reunidos semanalmente durante cinco semanas seguidas, embarcados en un proceso terapéutico estructurado de abordaje del daño y el trauma.

Con ello, tal vez se hayan podido paliar algunos daños o evitar ese deslizamiento hacia el estrés postraumático. Pero lo cierto es que, a estas alturas, y estamos metidos en una segunda ola (¿habrá una tercera?), muchos sanitarios se plantean si quieren seguir realizando ese trabajo[7].

3.- "Ahora sé que la nada lo era todo./Y todo era ceniza de la nada"[8]

Pero, ¿se podría haber evitado todo esto? La respuesta la tenemos de forma evidente en este segundo repunte epidémico y en lo que se expresa en esos grupos reunidos de nuevo: "Hemos tenido tiempo para prepararnos, muchos meses, para organizarnos y formarnos"; "se ha perdido un tiempo precioso"; "Incluso ahora parece que no se dan cuenta de lo que estamos viviendo y por lo que hemos pasado".

El sufrimiento vivido y que se está viviendo, tiene un importante y creciente componente institucional. La expresión transversal y unánime en todos los grupos que se han llevado a cabo ha sido que la exigencia laboral puede ser máxima, pero con escucha y acompañamiento. Algo que no ha sucedido ni está sucediendo ("En este momento, incluso menos que antes").

Y, en la práctica, se ha producido un auténtico sabotaje en las condiciones mínimas de protección de la salud mental de los profesionales. Sirven como ejemplo la eliminación en muchos lugares de los espacios de descanso y reunión, la imposibilidad de hacer interrupciones secuenciadas en las intervenciones más agudas cuando se está embestido de la máxima protección (EPI,…) y la imposibilidad, incluso negada, de tener un mínimo tiempo semanal (90’) garantizado para la ventilación emocional grupal ("parece que tienen miedo que hablemos entre nosotros").

Nuestros gestores no se han puesto al frente de lo que está suponiendo la fragmentación personal de los profesionales y trabajadores que tienen delante. No han entendido o, tal vez, no se ha querido entender (¿por falta de empatía o por psicopatía?), que se trata de enfrentar el significado de la quiebra humana que supone el hecho traumático.

Se trata de hacer lo contrario: apoyarse en relaciones significativas y la posibilidad de contraponer experiencias de reconstrucción a partir de vivencias resignificantes, en un mundo en el que parece predominar la inseguridad y la falta de empatía.

Si algo ha faltado por parte de responsables políticos, directivas y jefaturas, ha sido su compromiso en la reparación individual y comunitaria mediante acciones concretas y simbólicas que alcance a sus destinatarios.

Como decía García Lorca: "Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas"[9]

4.- "No queda nada de lo que fue nada./(Era ilusión lo que creía todo/y que, en definitiva, era la nada)"[10]

Frente a esto, está el derecho al resentimiento y la rabia, porque demonizarlo conlleva entrar en un proceso de culpabilización de la víctima.

No se equivoquen, el resentimiento puede suponer un componente positivo que surge de la idea que la tabula rasa sea intolerable ("no vale todo", "y no olvido", "no van a ser las cosas igual, porque la memoria está ahí"). La reconciliación, cuando no surge desde la propia condición de víctima y tras un proceso personal o colectivo, sino bajo supuestos políticos, judiciales o sociales, en definitiva, por condicionamiento o imposición externa, se convierte en un nuevo lugar de daño y retraumatización.

La reconciliación con las instituciones, nuestras jefaturas y cuadros políticos son un derecho y un privilegio de los supervivientes de este daño y nunca una recomendación moral o imposición externa de quienes no participaron en eso. No parece que desde los diferentes niveles de responsabilidad se haya entendido la validación de estos sentimientos negativos como éticamente legítimos.

Estamos ante un duelo amplio, tal y como citaba Eisenbruch[11], con una pérdida global de referentes tras un impacto traumático de grandes dimensiones Abordarlo precisa una evaluación global de lo perdido.

Porque no se trata de narrar los hechos[12]. No es necesario para todo esto. Se trata de explorar y evaluar los diferentes discursos, con sus emociones y pensamientos subyacentes, que arrastra la persona como mochila sobre lo vivido (con humillación, fortaleza culpa, rabia, tristeza) y que, para sorpresa de nuestros dirigentes, parecen muy próximas e iguales entre todos los participantes, a la vez que distantes de su "criterio de verdad". Ahí los grupos de terapéuticos de profesionales cumplen una función central porque facilitan la detección de las narrativas disfuncionales para afrontar los pasos siguientes en eso que llaman futuro.

Se hace necesaria, en definitiva, una evaluación sistémica, una auditoría independiente[13] que cumpla el papel de inicio de la acción reparadora con los profesionales de la sanidad.

De no ser así, políticos, responsables sanitarios y la sociedad general: preparémonos para la era post Covid.


NOTAS

[i] Integrantes del Grupo LARCS: María José Vílchez Lara, María C. Vázquez Torres, Elena García Sánchez, Raúl Sánchez Fernández, Juan José Portolés Radiu, María Luisa Álvarez Méndez, Emilio Silva Barrera y Juan Antonio Palacios Castaño, entre otros

[1] Hierro, J. (1998). Vida. Cuadernos de Nueva York. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://sloyu.com/2017/01/18/vida-poema-jose-hierro/

[2] ltable, M. (2020). Pandemias a lo largo de la Historia, en Neuropsiquiatría y Neuropsicología en las pandemias, Julio 2020. Capítulo 2. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://www.researchgate.net/publication/342697662_Capitulo_2_Pandemias_a_lo_largo_de_la_Historia

[3] Salvador, M. C. (2010). Psychological trauma: A neurophysiological process with psychological consequences. Revista de Psicoterapia, 20(80), 5-16. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://www.semanticscholar.org/paper/El-trauma-psicol%C3%B3gico%3A-un-proceso-neurofisiol%C3%B3gico-Salvador/6f7046f66003325f675e822a90a7bc327e905dcc?p2df

[4] Aznárez (2012) citado en Saldaña, J. (2014). Trauma, personalidad y resiliencia. una visión aproximada desde la psicoterapia breve integrada. Trauma, personality and resilience. An approximate view from integrated brief psychotherapy. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia. Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia. Vol. 4 (2014) n 3. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://www.psicociencias.org/pdf_noticias/Trauma__personalidad_y_resiliencia.pdf

[5] Hierro, J. (1998). Vida. Cuadernos de Nueva York. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://sloyu.com/2017/01/18/vida-poema-jose-hierro/

[6] Blandiblú. En el país de las hadas. Consultado con fecha 01/10/20 enwww.enelpaisdelashadas.com

[7] Mancebo, S. (2020). Médicos españoles, más quemados tras la pandemia COVID-19. Madrid. EFE. 06/07/20. Fuente: Fundación Ciencias de la Salud. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://www.efesalud.com/burnout-medicos-espanoles-quemados-pandemia-covid-19/

[8] Hierro, J. (1998). Vida. Cuadernos de Nueva York. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://sloyu.com/2017/01/18/vida-poema-jose-hierro/

[9] Rodríguez, S. (2010) Introducción y Transcripción. La última entrevista a García Lorca. A Coruña 03/01/10. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://www.laopinioncoruna.es/cultura/2010/01/03/ultima-entrevista-garcia-lorca/347503.html

[10] Hierro, J. (1998). Vida. Cuadernos de Nueva York. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://sloyu.com/2017/01/18/vida-poema-jose-hierro/

[11] Eisenbuck M. (1984) Cross-cultural aspects of bereavement. I. A conceptual framework for comparative analysis. Culture, medicine and psychiatry 1984; 8:283-309. Consultado con fecha 01/10/20 enhttps://www.academia.edu/attachments/52590849/download_file?st=MTYwMzE5NzQzOCwyMTMuMC41My4xNDc%3D&s=swp-splash-paper-cover

[12] Pérez, P. (2017). Trauma, Culpa y Duelo. Hacia una psicoterapia integradora. Programa de autoformación en psicoterapia de respuestas traumáticas. . Consultado con fecha 01/10/20

http://www.pauperez.cat/wp-content/uploads/2017/11/pau-perez-libro-actuaciones-psicosociales.pdf

[13] Rey, J. (2020). Evaluar la gestión sanitaria española de la pandemia: seguir a Suecia pero también a Canadá. Zona crítica. elDiario.es. 20/10/20.Consultado con fecha 20/10/20 en https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/evaluar-gestion-sanitaria-espanola-pandemia-seguir-suecia-canada_129_6302944.html