Opinion · Marco Incomparable

Decrépita juventud

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‘Papi Silvio’ y Francesca Pascale. ‘Amore’ a primera vista.

Está claro que es amor del de verdad. Del que sale de dentro. Del corazón.

 

Él, un truhán cuesta abajo y sin frenos que empezó su carrera como cantante de cruceros. Para orgullo de la sua mamma, llegó a ser elegido primer ministro hasta tres veces (sí, es para hacer un psicoanálisis colectivo a los italianos, pero qué vamos a decir nosotros…). Ella, una joven de 28 años que se convirtió en la velina más famosa de su pueblo bailando en Telecafone junto a otras chicas que coreaban con desparpajo: «Si te bajas las bragas, sube la audiencia». Hasta aquí todo muy normal.

 

Pascale y Berlusconi. Berlusconi y Pascale. Una pareja sin complejos que podría compartir tanto el kit de maquillaje como el bono de Corporación Dermoestética. Medio siglo de edad de diferencia no es problema cuando hay tanto en común. Y, por supuesto, no penséis mal que no estoy hablando del interés.

 

En sus horas más bajas, il cavaliere se refugia en su mansión de Arcore junto a su novia Francesca y a Dudú, su perrito caniche. A ella le es indiferente que su prometido millonario, a las puertas de quedarse sin escaño en el Senado y por lo tanto a punto de perder su inmunidad parlamentaria, haya sido acusado de tener estrechas relaciones con la mafia, condenado por fraude fiscal, prostitución de menores y abuso de poder.

 

Precisamente ahora que Papi Silvio ha intentado hacer caer a su socio de Gobierno a costa de la estabilidad de Italia, la entrañable pareja ha decidido dejarse de tonterías y centrarse en lo importante: anunciar a sus compatriotas a bombo y platillo a través de Vanity Fair Italia que se casan.

 

«No fue fácil para mí, las mujeres se le echaban encima», confiesa Pascale. Así habla la velina que, por fin, podría hacer sentar la cabeza a este mozalbete de 77 años. El mismo zagal que esta semana ha intentado sin éxito romper la frágil estabilidad de Italia por su interés personal y que casi hace saltar en mil pedazos a su propio partido político. Lo que se dice una jugada maestra, vamos.

 

Berlusconi, en el ocaso de su vida política, nos quiere hacer creer que por fin ha encontrado lo que buscaba, y no se trata de una amnistía fiscal: «Francesca ha restituido mi fe en el verdadero amor de una mujer». Vamos de boda.

 

Ciao Silvio.