Opinion · Marco Incomparable

El pendrive liberador

 

¿Qué se le pasa por la mollera a un personaje que decide recorrer los 165 kilómetros que separan las ciudades de Cuenca y Madrid disfrazado de cura y decidido a entrar como sea en la casa del extesorero del PP Luis Bárcenas? Reconozco que, de todas las respuestas posibles que se me podían ocurrir, nunca hubiera acertado la correcta: liberar a España con un pendrive.

 

Esta historia no pasaría de ser un esperpento sacado de Mortadelo y Filemón si no fuera porque se trata de un asalto con secuestro de tres personas a las que un estafador de poca monta -que ha conocido varias cárceles de América Latina- encañonó con un revólver tan vintage que estaba oxidado. Las víctimas: Rosalía Iglesias, mujer de Bárcenas; Guillermo Bárcenas, su hijo, y su empleada del hogar.

 

¿Qué hubiera pasado si el asaltante del alzacuellos, Enrique Olivares García, hubiera conseguido los pendrive o los discos duros que buscaba? ¿Qué hubiera hecho la Fiscalía Anticorrupción, la misma que decidió olvidarse de la investigación sobre la destrucción de la información de los ordenadores que empleaba el extesorero en su famoso despacho de la calle Génova?

 

¿Hubiera conseguido «liberar» este hombre a España sacando a la luz la contabilidad B del PP entre 1990 y 2008?

 

La respuesta a esta pregunta sí que la tengo clara. Todo hubiera seguido igual. Como cuando se publicaron los papeles en los que Luis Bárcenas registró 18 años de pagos de sobresueldos en dinero negro a varias cúpulas del Partido Popular. ¿Qué pasó? Nada.

 

Todo seguiría igual porque, si hubieran preguntado a la vicepresidenta del Gobierno después del Consejo de Ministros hubiera dicho que de las cosas del partido que le ha llevado a La Moncloa no habla y si le hubieran preguntado a la secretaria general del PP hubiera respondido que el suyo es un partido «honrado» que nada tiene que ver con su exgerente. Al presidente no se le puede preguntar a través de una televisión de plasma, así que de esta posibilidad mejor no hablo.

 

Fin de la cita.