Marco Incomparable

A la basura

 

 

Cuán afortunados somos los madrileños. Tenemos una alcaldesa a la que no hemos votado y que, con un par, nos manda en plena huelga de basuras una nota informativa con el recibo de la "tasa de gestión de residuos urbanos" que se inventó su predecesor en el cargo para exprimirnos todavía más.

 

Mientras, toneladas de restos, esparcidos con la ayuda de los piquetes, decoran la ciudad y obligan a sus habitantes a practicar alpinismo sobre inodoros y mierda varia. El objetivo del ciudadano es sencillo: intentar acceder a contenedores que rebosan y conseguir no resbalar en el intento sobre... quién sabe qué. El objetivo que tiene la regidora al permitir que la mierda se coma Madrid, ya no lo tengo tan claro.

 

Y no es que yo dude de la capacidad de Ana Botella de gobernar la capital de España. De hecho, como avales políticos, podemos decir que es una gran organizadora de bodas en El Escorial, esposa de un estadista incomparable, mujer que conoce bien la diferencia entre peras y manzanas, experta en resolver graves crisis de su ciudad desde un spa y visionaria donde las haya (sí, sí, visionaria en temas de Justicia como buena abogada que es, que ya nos advirtió en 2002 de que "en la catástrofe del Prestige sólo hay un culpable: el barco"). Ella nos avisó, pero nadie le hizo caso.

 

Total, que han tenido que pasar más de diez días para que esta mujer, mujer haya dado un ultimátum a las empresas concesionarias de la recogida de los residuos en Madrid. Lo que no entiendo es por qué, cuando por fin ha dado el paso, ha pensado que la mejor idea era encargar el trabajo que deberían estar realizando las empresas privadas a una empresa pública dependiente del Ministerio de Agricultura que, para más señas, está inmersa en un ERE, como las concesionarias.

 

¿Quién asesora a esta alcaldesa? ¿Por qué la peinan como si fuera a actuar en Amar en tiempos revueltos? ¿Cuántos relaxing café con leche se toma al día en la plaza Mayor? Botella al contenedor.