Marco Incomparable

Aburrimiento en Moncloa

 

Viva el tedio doméstico en cuestión de affaires presidenciales. Nuestros problemas nada tienen que ver con el culebrón de los últimos días de la France.

 

Nuestras mal llamadas primeras damas y, sobre todo, sus maridos, los jefes de Gobierno, no dan para tanto. Al menos, que nosotros sepamos. Y, si descubriéramos algo que afectara a su vida privada -como ya ha ocurrido con otros dirigentes políticos-, ¿nos importaría tanto? Por una vez, podemos pensar bien de nosotros mismos. Parece que no.

 

Valérie Trierweiler, Carla Bruni, Cécilia Attias (antes Sarkozy), Bernadette Chirac... son primeras damas de la República Francesa que se han visto envueltas en líos de faldas de sus respectivas parejas. Líos que han llegado a ser portada de prestigiosos diarios y que han dado la vuelta al mundo.

 

Ahora le toca el turno a François Hollande quien, en pleno mandato, está regalando días de gloria a los franceses, más pendientes de sus escapadas en moto y del apartamento misterioso en el que veía a su amante que de otras cuestiones de Estado.

 

Nuestras consortes no han tenido tanto protagonismo hasta la fecha. Rellenan mucho menos el Hola. De hecho, algunas lo evitan. Otras, hacen como que lo esquivan y sólo una se ha animado desde el primer día a ponerse delante de todo tipo de focos. Adivinad quién. Sí, mi favorita.

 

Sin protocolo definido

 

Partimos de la base de que la primera dama de España es la reina Sofía. Ella tiene un papel regulado en los actos oficiales. Sin embargo, la mujer del presidente del Gobierno ocupa un lugar más ambiguo. En realidad, cada una de ellas ha amoldado su papel a su gusto.

 

Amparo Illana, la esposa de Adolfo Suárez, fue una mujer centrada en la vida doméstica, bastante alejada de la política por su propio desinterés. Carmen Romero, en cambio, fue, es y será política pese a la alargada sombra de su ya exmarido Felipe González. Esto no le ha impedido nunca mantenerse en un plano muy discreto.

 

El cambio de modelo llegó el día en el que Ana Botella entró por la puerta del Palacio de La Moncloa dispuesta a renovar algo más que la decoración. Aficionada a bodas en El Escorial con celebrities, jefes de Estado y mafiosos de la trama Gürtel, desde el primer momento quiso cambiar el rol de la primera dama. El único problema es que, como hemos dicho, ella no podía serlo porque ya había una que vivía en la Zarzuela.

 

Con Sonsoles Espinosa, la mujer de José Luis Rodríguez Zapatero, volvió el aburrimiento hasta límites exagerados. Llegó desde León y, a la vista de los hechos, parece que vivió y vive en Madrid a regañadientes.

 

Ahora le toca el turno Elvira Rodríguez, más conocida como Viri, que es quien ayuda a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y registrador de la propiedad, a "mantener el contacto con la calle" (JAJAJAJA). Son cosas que puede decir él, un hombre sencillo y austero que es consciente de lo mal que lo están pasando los españoles. Que, gracias a su esposa, mantiene el contacto con la calle hasta el punto de dar el fin de semana libre al cocinero y llevarse unos tupper a la humilde finca de más de 6.000 hectáreas en Quintos de Mora.