Marco Incomparable

En el anzuelo de Kim Kardashian

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Kim Kardashian

Kim Kardashian es una de esas divas que no tengo muy claro de dónde salen exactamente ni por qué hay gente como yo escribiendo sobre ellas. Es decir, yo también he picado en su anzuelo. ¿Quién es esta mujer con cara de mala hostia que me encuentro por todas partes? Que si ya tiene fecha de boda, que si ha pasado de rubia a castaña, que si mira qué anillo le ha comprado su novio…

 

Hay gente que sabe convertir un momento de gloria en un trabajo. A partir de ahí, empieza a ganar millones de euros a costa de que los demás caigamos en la trampa de interesarnos por unas vidas que, muchas veces, no es que sean tan extravagantes, sino que se convierten en extravagantes para que a nosotros nos interesen.

 

La cuestión es generar una noticia a la vez que aparentas no querer ser noticia. Por ejemplo. Te haces amiga de Paris Hilton. Y en vez de limitarte a salir en las fotos a su lado haciendo de palmera, te acabas convirtiendo tú en una especie de midas que convierte en dólares todo lo que toca por arte y magia del encumbramiento en la televisión estadounidense.

 

Empezando por tu boda. Kim Kardashian se casó con un jugador de la NBA y convirtió su matrimonio, de poco más de dos meses, en un negocio en el cual aprovechó hasta para sacar un perfume para novias (y ella ya tiene cinco marcas de perfume propias… hasta la fecha). Ella no es que lo disfrutara mucho, se divorció a los 72 días, pero la cuenta corriente no le quedó hecha trizas como le ocurre hoy en día a quien decide invitar a familia, amigos, compromisos… a doscientos y pico euros el cubierto.

 

Ahora la celebrity de la telerrealidad yankee amenaza con hacer lo propio con Kanye West. Sólo la forma de pedirle matrimonio ya fue un megashow: en el estadio de San Francisco, con fuegos artificiales y un anillo de 15 quilates. Un poco de andar por casa.

 

Ella seguirá sumando ceros a su cuenta mientras haya incautos como el empresario Richard Lugner, que en el Baile de la Ópera de Viena pagó 250.000 euros por entrar con ella de acompañante y salió tarifando por las extravagancias de la diva. Suma y sigue.