Opinion · Marco Incomparable

Milloneti limpiando mesas

 

 

Siempre he sentido debilidad por las malas malísimas. Desde los personajes de Angela Channing en Falcon Crest y Diana en V… pasando por malvadas oficiales de carne y hueso como Yoko Ono, Angelina Jolie o Anne Winterthur. Hay algo en ellas que me fascina. Y este es el caso de Victoria Beckham, un personaje que me debería caer mal, entre otras cosas, por decir que España huele a ajo (ella lo niega, pero le pega todo).

 

La diseñadora de moda es una mala tan estirada, tan pija, tan políticamente incorrecta, que despierta todo mi interés. Probablemente se trate de una de las personas que mejor viven en el planeta, es alguien que tiene todo lo que quiere y más y, pese a ello, es capaz de plantearse seguir trabajando y triunfar en el mundo de la moda.

 

En el remoto caso de que yo de repente tuviera en la cuenta corriente los millones que tienen los Beckham (unos 252 aproximadamente, para que os hagáis una idea) lo que haría sería desaparecer del mapa para poder viajar, divertirme… y vivir como una reina con mi familia numerosa.

 

Si soy honesta conmigo misma, la realidad es que no me plantearía mandar a mi hijo mayor a trabajar los sábados a una cafetería por 3,2 euros la hora, como han hecho Victoria y David Beckham según publica The Sun. Al menos no mientras fuera menor de edad (Brooklyn Beckham tiene 15 años).

 

Si se portara mal, lo mandaría directo a un internado suizo para perderle un rato de vista, a ver si se le pasa el pavo. Sin embargo, si se portara bien, y parece que éste es el caso, intentaría que se convirtiera en un hombre de provecho (como diría mi padre), pero no creo que de la misma forma en la que lo han hecho los Beckham.

 

Y no es una crítica: al revés, en este caso lo sorprendente es que hayan decidido ponerle a servir cafés y limpiar mesas para que vaya viendo que en la vida no todo es ser megagaláctico y súper spice girl.