Marco Incomparable

La exfamilia política de Sánchez Silva

 

 

 

 

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Hace poco más de un año que falleció en extrañas circunstancias en su domicilio de Madrid Mario Biondo, marido de la presentadora Raquel Sánchez Silva. Cuando todo sucedió, ella estaba en Plasencia (Cáceres). Todo parecía indicar, por la forma de morir del cámara de televisión, que se trataba de un trágico accidente o de un suicidio.

 

¿Le puede suceder algo peor a alguien que se ha casado apenas 11 meses antes y que está poniendo todos los medios para poder tener hijos con su pareja?

 

Sí, puede haberlo. Puede que encima de sufrir semejante desgracia, te toque aguantar a una familia como la famiglia Biondo, que desde el minuto uno empezó a tratar de alargar el dolor de Sánchez Silva cuestionando la investigación, pidiendo la tasación de todos los bienes del joven o poniendo a caer de un burro a la viuda de su hijo. Todo sensatez. Todo delicadeza.

 

De hecho, al margen de que padres y hermanos del joven fallecido aceptaran o rechazaran las causas oficiales de la muerte de Mario, es asombrosa la rabia con la que persiguen a la extremeña a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. Es de un empeño enfermizo, digno de psicoanálisis.

 

Y mientras ellos montan el circo en Italia y, cuando pueden, también en España acosando a la familia y amigos de Sánchez Silva, ella paga el pato de tanta irracionalidad. La presentadora de Supervivientes (ese programa en el que, o eres Mario Picazo o te tienes que vestir y peinar como Pocahontas) se verá obligada a arrastrar esta historia el resto de su vida. Y el próximo 13 de junio tendrá que revivir de nuevo las horas previas a la muerte de su marido ante la Justicia italiana. Todo ello, gracias al inigualable criterio de sus exsuegros y cuñados.

 

Ánimo, placentina.