Marco Incomparable

El pazo de Meirás, sólo en '¡Hola!'

Por fin podemos ver el pazo de Meirás. No es que la familia de Franco haya abierto de nuevo las puertas de este palacio a los visitantes -el paso lleva cerrado todo el año-. No. Lo que ha ocurrido es que la nietísima Carmen Martínez-Bordíu ha recibido a la revista ¡Hola! con una exclusiva apasionante: deja a su novio el rey de la chatarra (Luis Miguel Rodríguez, propietario de Desguaces Latorre).

 

Me encantan este tipo de noticias. La señora esta cuenta que llevaba dos años saliendo con un hombre que estaba casado y al mismo tiempo explica que ella es una mujer que no comparte a su pareja con otras personas. Pues vale. En realidad, Carmen, a mí me da igual si sales o no con este hombretón, lo que me alucina es que enseñes con tanta parsimonia un palacio que tu familia no compró y que fue un regalo de una parte de la derecha que después de la guerra quiso hacer la pelota a tu abuelo a base de exprimir al pueblo.

 

Porque Franco no adquirió la titularidad del conjunto arquitectónico ni de sus jardines rascándose el bolsillo. Fue una campaña de suscripción popular la que obligó a muchos gallegos a pagar por la espectacular casa de Sada (A Coruña), que anteriormente fue propiedad de la escritora Emilia Pardo Bazán.

 

Fue, por lo tanto, una colecta de donativos forzosos de muchas personas (trabajadores de la administración, vecinos de la zona, etc.) que se vieron obligadas a sufragar el lujoso capricho. Desde entonces, los descendientes del dictador veranean gratis en un palacio declarado Bien de Interés Cultural y ni se plantean devolvérselo al pueblo de Galicia.

 

Quienes se hayan acercado al pazo por error este año no habrán conseguido pasar de la valla. Resulta que, aunque se había acordado permitir las visitas cuatro días al mes (excepto agosto, para no importunar las vacaciones de la familia Franco), en 2014 todavía no ha abierto. Pero no pasa nada porque si se acercan a un kiosco y compran ¡Hola!, podrán ver salas que nunca han estado abiertas al público, leer cantidad de chorradas y además observar las transformaciones de las que es capaz el Photoshop.