Marco Incomparable

Si tuiteas no conduzcas

 

La decisión de Michelle Obama de plantarse sin velo esta semana en Arabia Saudí ha levantado ampollas en Riad, donde un grupo de amargados ha activado el hashtag #Michelle_ObamaNotVeiled para protestar por lo que consideran una falta de respeto hacia sus tradiciones.

 

He de reconocer que gracias a esta información he constatado que en Arabia Saudí, ese país ejemplar en el que te pueden decapitar en público, puedes usar Twitter. Puedes si se trata de poner a caer de un burro a una estadounidense que se viste como le sale del moño. Ahora, como se te ocurra defender tu derecho a conducir, prepárate porque puedes acabar sentada frente a un tribunal antiterrorista. Y, amiga conductora, no estoy exagerando.

 

Antes de haber puesto el grito en el cielo por algo tan relevante para la humanidad como el hecho de que una señora lleve o no un pañuelo en la cabeza, los promotores de la protesta contra Obama deberían haber comprobado que sus dos antecesoras (Laura Bush y Hillary Clinton) lucieron su pelo exactamente igual cuando tuvieron la buena educación y disposición de viajar a un país en el que sabían que tendrían que aguantar a una panda de machistas con bigote.

 

El gesto de la primera dama estadounidense no ha roto, por lo tanto, ninguna nueva lanza a favor de la mujer. Ha sido un paso más, como hubo otros anteriormente. La noticia hubiera sido, más bien, que después de los gestos de sus antecesoras ella se hubiera puesto el pañuelo, y mucho más teniendo en cuenta que los saudíes no exigen a las mujeres extranjeras cubrirse el pelo como sí hacen con sus propias madres, mujeres e hijas.

 

Quienes deberían protestar en este contexto son los ciudadanos estadounidenses. Felices de presentarse ante el mundo como los defensores de la libertad y la democracia, igual es a ellos a quienes podría sentar mal que su presidente se relacione con vendedores de petróleo capaces de prohibir a la mitad de la población viajar, ir a la universidad, y promover leyes que permiten condenar a un bloguero a diez años de cárcel y mil latigazos por abrir un debate sobre la religión.