Opinion · Marco Incomparable

Descuelguen el cuadro de Bill Clinton

 

Estoy deseando que alguien con más tiempo que yo abra de una vez una petición en la plataforma de change.org para que la National Portrait Gallery de Washington descuelgue el retrato que hace nueve años pintó Nelson Shanks de Bill Clinton y en el que escondió una referencia a Mónica Lewinsky.

 

Hay que ser mamón. No se le ocurrió hacer ninguna alusión a los esfuerzos por lograr la paz en Oriente Próximo, a la firma del Protocolo de Kioto, al descenso del desempleo o al equilibrio del presupuesto logrado en EEUU en sus ocho años de mandato. El artista prefirió reflejar en su obra el caso de la becaria a través de una sombra que, según dice ahora, simboliza el vestido azul que llevó Lewinsky en su encuentro sexual con el presidente y cuyo efecto consiguió al colgar a escondidas una prenda en un maniquí en la Casa Blanca.

 

Ahora entiendo la actitud torera de Clinton en su retrato y que el pintor le pintara sin anillo. Era algo más que una licencia artística, como se especuló al principio.

 

Qué suerte tan grande que cuando llega la hora en la que te hacen el retrato oficial que va a exponer el museo de Washington el encargado de pintar el cuadro sea un majadero al que no se le ocurra otra idea mejor que hacer referencia a un asunto personal. Por más que los republicanos consiguieran llevarlo al Congreso y por más que la mentira del presidente al negarlo llegara al Senado -la institución le exoneró en 1999 de todo este asunto- las relaciones sexuales consentidas siguen siendo algo personal.

 

Según relató al Philadelphia Daily News el autor del retrato, lo reflejó así porque Bill Clinton es «el mentiroso más célebre» de todos los tiempos. No sé qué pensará Clinton de Nelson Shanks, me lo puedo imaginar, pero resulta curioso que cuando estaban juntos en la chimenea del despacho oval, el autor del cuadro escondía el maniquí del que salía la sombra. Tal vez la cuestión sea que este pintor, que entre otros ha retratado a Lady Di, Luciano Pavarotti, Juan Pablo II o Marisa Tomei, además de cruel es también un gran mentiroso, solo que menos célebre.