Palabra de artivista

Alternativas desde la impotencia

Me sorprende que la izquierda y, especialmente, las feministas y gays, estén aireando o, más bien, dejándose llevar por esa ola de derrotismo y deserción que el PP está transfiriendo muy interesadamente a nuestras agotadas tropas, sembrando en la izquierda más purista un creciente sentido de impotencia por vía de sus topos, infiltrados y agitadores. Esos que proclaman "traición", "deserción", "conspiración", "derechización", a la más mínima oportunidad, mientras animan a los suyos a salir del armario de la corrupción y declarar que unos trajes no son nada, unos regalitos... bagatelas. Por supuesto, lo hacen desde la oscuridad de las filas de izquierdas, donde no pueden ser localizadas sus caras de manipuladores interesados.

Y lo peor es que las decepcionadas gentes de izquierdas se  lo están tragando. Cada vez se han vuelto más intransigentes, más polarizados (todo es blanco o negro; de izquierdas o de derechas), más impacientes (quieren una solución clara ya), más crispados, más enfurecidos con lo innecesario que ha sido el sacrificio de su ilusión... ¡cuánto tendrían que aprender de nuestros hermanos y hermanas republicanos que sacrificaron todo, absolutamente todo, y recibieron el exilio o la muerte a cambio! ¡Y a pesar de ello, siguieron creyendo en la Utopía en el fondo de su corazón! Pero en lugar de mirar a nuestros antecedentes idealistas, generosos (tan generosos esos hermanos y hermanas republicanos, nos arrodillamos ante vosotros para pedir perdón por olvidaros), miramos para otro lado, nos plantamos en la prepotencia y exigimos un gobierno de izquierdas puro, claro, independiente del mundo capitalista en el que vivimos, in-me-dia-ta-men-te. Y la derecha se retuerce de risa y de gusto. Se revuelcan en sus montones de billetes a lo Tío Gilito. Y los quintacolumnistas no dejan de llegar.

¿Cómo es posible que hayamos olvidado nuestra capacidad de generar alternativas, de cambiar la sociedad desde el imposible? ¿Cómo hemos perdido nuestra confianza en que "cuánto más negra es la noche, antes llegará el amanecer"? "Es que yo no quiero más noches, sólo luminosos días de avances progresistas, como los de la primera legislación de Zapatero", me argumentarán las cansadas tropas idealistas (por no mencionar a los pasivos que han aceptado los avances, los derechos, las mejoras, como una simple aplicación más que uno se baja de internet gratis).

¿Pero de verdad nadie se da cuenta de que este sentimiento de impotencia está manufacturado por la derecha? Y, sobre todo, ¿no recuerdan ya la capacidad de generar alternativas en los eriales ideológicos a los que nos habían reducido?

Y hablo especialmente de la comunidad LGTB.  Porque si de algo sabemos los gays, lesbianas y transexuales es de crear alternativas desde la impotencia. Hemos estado siglos creando una sociedad en gravedad cero. ¿Y ahora que tenemos una cierta atmósfera, que por primera vez podemos respirar, vamos a darnos por vencidos y entregarle el mando de la nave a los Genocidas de la Diferencia? Deberíamos seguir señalando el camino a nuestros aliados de izquierdas y en lugar de eso nos hemos perdido en las boutiques de marca, los videos de Lady CaCa o los programas de cotilleos con sus heroínas pueblerinas y con loop discursivo.

Señoras raras, recordad que siempre hemos sabido crear alternativas desde la impotencia. Pues nunca ha sido más necesario que ahora.

Y ese camino no empieza apedreando a nuestros aliados.