Opinión · Palabra de artivista

Beatificando la pedofilia, la homofobia, la misoginia

Ese populista reaccionario, fanático e hipócrita que fue el Papa Juan Pablo II ya está un paso más cerca de su anunciada santificación. Ya es beato.

De nada ha servido las airadas denuncias de las victimas de su íntimo amigo Marcial Maciel, el pedófilo fundador de los Legionarios de Cristo, las evidencias de su febril persecución de cualquier intento de renovación dentro de la Iglesia que les alejase de los ricos y poderosos y les acercase a los pobres, su maníaco apoyo a toda una serie de nuevas sectas dentro de la Iglesia dirigidas al dinero, al poder, a la represión y a deshacer cualquier avance que su bestia negra, el Concilio Vaticano II, hubiese intentado conseguir. Juan Pablo II, adoctrinado por su mentor, el actual Papa Benedicto XVI, convirtió la destrucción de todo aquél que quisiese estar al lado de los pobres y enemistado con los ricos en su prioridad y buscó nuevos aliados en esa tarea. Como explica magníficamente Jesús Rodríguez, autor del libro La confesión. Las extrañas andanzas de Marcial Maciel y otros misterios de la Legión de Cristo (Debate), en este artículo oportunamente titulado El aliado oscuro de Juan Pablo II:

Un catolicismo de resistencia. Ese era el proyecto que ofrecía el nuevo Papa en un tiempo de incertidumbres. Para su batalla, necesitaba un ejército incondicional. Ya no le valían los franciscanos, dominicos o jesuitas. Estaban demasiado comprometidos con los pobres. Fronterizos con el marxismo. Enemistados con los poderosos. Wojtyla encontró sus nuevos reclutas en el Opus, los Kikos, Lumen Dei, los carismáticos, Comunión y Liberación, Schoenstatt, San Egidio y en la Legión de Cristo. Juntos se montaron en la máquina del tiempo y rebobinaron hasta los años cincuenta. Hasta una Iglesia con un poder centralizado, sin lugar para la disidencia. Y decidieron que esa era la Iglesia de fin de siglo; la que tenía que reevangelizar el planeta. Maciel sería uno de los mariscales de campo.

Gracias a Juan Pablo II la Iglesia volvió a ser una lucrativa empresa al servicio de los poderosos, junto a los poderosos, dirigiendo a los poderosos. Y si en el camino había que mirar hacia el otro lado mientras su “mariscal” Maciel abusaba de niño tras niño, pues se hacía.

Y eso que en su pontificado tuvo como prioridad perseguir a los homosexuales, el aborto o la libertad de las mujeres y el uso del condón o el sexo fuera del matrimonio.  Nunca lo hizo dentro de la Iglesia, donde tenía ingentes masas de usuarios y usuarias de los tres “pecadillos”. Juan Pablo II fue un Papa extraorinariamente hipócrita y populista. A pesar de las reiteradas denuncias contra su amigo e ídolo Marcial Maciel, bloqueó duramente cualquier investigación o proceso contra el pedófilo fundador de los Legionario de Cristo.

De hecho ignoró hasta esta Carta abierta enviada al papa Juan Pablo II, en noviembre de 1997, por ocho ex miembros de los Legionarios de Cristo que acusan a su fundador, Marcial Maciel, de haber abusado sexualmente de ellos cuando eran adolescentes que el grandioso Pepe Rodriguez nos recuerda.

Así que hay que entender que esa es la dirección que la Iglesia quiere tomar. Corrupción sobre corrupción, basura sobre basura, arcada sobre arcada. Católicos, Apestólicos y Robamos.

P.D.: Para completar el retrato, recomiendo la lectura de esta columna de la periodista Nicole Thibon para la sección de opinión Dominio Público que titula El beato Juan Pablo II.