Opinion · Palabra de artivista

IU y la derecha alimenta-miedos

Volviendo sobre ese pertinente texto que es la novela El Corazón helado de Almudena Grandes (si ha habido un momento oportuno para leer ese extenso y documentado retrato de las dos Españas, es este), he descubierto un aterrador paralelismo entre cómo destruyó la derecha a la izquierda durante la República y cómo lo está haciendo ahora.

En ambos casos alimentó los miedos de las filas progresistas hasta volver a unos contra otros.

En el 36 la derecha utilizo el mito de que los comunistas estaban vendiendo España a la URSS y de que había un maquiavélico plan para convertir la Piel de Toro en un estado satélite de la Unión Soviética. Un futurible nunca demostrado del que, al parecer, nos salvó Franco cuando implantó la peor de las dictaduras. Entonces fueron los anarquistas los que le hicieron el trabajo sucio al dictador y llegaron a fusilar a comunistas, destruyendo el tejido defensivo de la izquierda y precipitando la victoria fascista.

Ahora el mito es que Zapatero y el PSOE no sólo se han vendido a la derecha y aplican teorías neoliberales, sino que han provocado (ellos solos, sin ayuda mundial ni antecedente alguno) la crisis y el paro (del planeta entero, así de malo es Zapatero). Por supuesto, la solución es arrojarnos voluntariamente a la peor hoguera neoliberal: el PP.

Tan absurda fue entonces la situación de Franco abriendo un pasillo para que entrasen los anarquistas, el enemigo, en Madrid para ejecutar a los comunistas, sus aliados de izquierdas, como lo es ahora patear al PSOE en sus horas más bajas para permitir que el PP gobierne en exclusiva. Ninguna de las dos “soluciones”, por muy catárticas que sean, va a conseguir otra cosa más que precipitar el fin. Y tras el experimento con Franco ya sabemos cuánto puede durar esa “purga purificadora” que la derecha siempre alienta en los ingenuos progresistas, con el fin de que “reunifique” a los demócratas y convierta a la izquierda en el ente ejemplarmente perfecto que debe ser.

Y es que a esto es a lo que lleva el absurdo discurso purista de izquierdas que carga sobre sus filas el asfixiante fardo de una pureza extrema, una integridad impecable, una intachable dignidad democrática que por otro lado disculpa la máxima corrupción en la derecha: “De ellos ya lo sabemos, pero la izquierda para que gobierne tiene que ser perfecta, íntegra, pura e ideológica”. Por supuesto, en semejante escenario es imposible que la izquierda pueda pretender vencer jamás a un enemigo al que se le consiente o disculpa todo juego sucio y que jamás es castigado por su bochornosa oposición.

¿Realmente creo en Zapatero ahora? No. Nunca le he votado. Tengo ojos y veo los desastres que está haciendo con su extraña alianza con las políticas neoliberales e imperialistas. Pero sí que recuerdo la España que surgió en su primera legislatura. Y si la comparo con esa a la que el PP nos quiere devolver, francamente, da miedo.

¿Realmente la vena masoquista de la izquierda va a disculpar la plutocracia descarada a la que nos está llevando el PP con tal de castigar al PSOE? Parece ser que sí. De repente todos los intelectuales de izquierdas a los que conozco parecen haberse convertido en histéricos contertulios televisivos que se limitan a vocear contra a la pareja infiel, esquivando cualquier análisis en profundidad. Y la prueba es Izquierda Unida cediéndole el poder al Partido Popular en toda España.

Sinceramente, entre depurar al PSOE, a toda la izquierda, en un estado medianamente amigo y hacerlo en una dictablanda que idealiza al franquismo, me quedo con el primer escenario. Cuando uno está aterrado y en manos de sus verdugos, es francamente difícil pensar en alternativas.