Palabra de artivista

Nueva York 42 años después

Yo viví casi una década en Nueva York, así que haber sabido esta madrugada que el senado ha aprobado el matrimonio gay 42 años después de las revueltas de Stonewall ha sido un momento muy emocionante.

He seguido atentamente el proceso y me emocionó especialmente ver anoche a una multitud reunida delante del mítico Stonewall Inn, el local en el que se originaron las revueltas que se celebran el Día del Orgullo Gay. La emoción y reverencia se podían palpar.

Por supuesto recordé a mi san Judy Garland (cambio los géneros hagiográficos por eso de discutir el heterocentrismo, el Patriarcado y lo normativo, para los que no me conozcan). Ella fue la principal causa de aquellas revueltas. Nunca lo supo, pero su muerte fue un golpe durísimo para la comunidad LGTB que la había convertido en su santa patrona hacía mucho ya. Su ejemplo de enfrentamiento a los prejuicios, de personalidad tan carismática como controvertida, de talento innegable y continuos guiños gays, la puso en aquél pedestal del que ya nunca se ha bajado.

Cuando murió, la comunidad LGTB se sintió huérfana y no estaba para tonterías. Así que la ocurrencia de aquellos policías de hacer la habitual redada en el Stonewall Inn con san Judy de cuerpo presente fue una mala idea. No contaban con que la mayoría de las transexuales, bolleras camioneras y maricas allí reunidos habían pasado el día guardando cola entre lágrimas en la funeraria Campbell para ver a la santa, san Judy, recién traída de Londres, donde murió el 22 de junio.

Cuando el jefe de policía ordenó que se apagase la gramola en la que llevaba todo el día sonando sin parar el Over The Rainbow de san Judy, himno oficioso de la comunidad gay, los maricones, bolleras y transexuales allí presentes dijeron hasta aquí hemos llegado. Atacaron a la policía e impidieron que apagasen la voz de san Judy. Aquello degeneró en las revueltas que parieron nuestros derechos, la primera vez que tuvieron que respetarnos. Había llegado el momento, no íbamos a tolerar más humillaciones, más patadas arbitrarias, más cabezas sumergidas en el barreño de los vasos sucios con peluca incluida, más desnudos frente a todos para contar si llevábamos las reglamentarias cinco prendas de nuestro género, más sobornos para poder operar locales infectos sin agua corriente y sin luz... eso se celebra el Día del Orgullo Gay.

Por eso fue tan emocionante ver a esta multitud reunida frente a lo más parecido a nuestra Mecca que exista: el Stonewall Inn. Esperaban allí el resultado de la votación.

42 años después de esas revueltas el senado ha aprobado el matrimonio homosexual con la ayuda de 4 honestos republicanos que han votado contra su partido y se han unido a los demócratas.

Que se haya aprobado a sólo 3 días del Día del Orgullo Gay ha sido realmente mágico. La mejor celebración posible. Y ha permitido la magia de ver esta noche el Empire State Building por primera vez en la historia iluminado así como saludo a la comunidad LGTB. Sólo el día del Orgullo lo iluminan de lavanda, pero hoy han puesto toda la bandera del arcoíris. El arcoíris de san Judy.

Al ver esto lo primero que he pensado ha sido, de nuevo, gracias Zapatero, gracias de nuevo porque nosotros hemos estado por delante de todos ellos y pareció tan fácil.

Y ya pueden los facistrolls ponerse a bailar unas bulerías manipuladoras en los comentarios, a intentar acogotarme con insultos y acoso, que yo mantengo lo que cualquier persona culta, inteligente y con criterio mantendrá: gracias Zapatero. Como feminista, maricón y rojo, te agradezco aquella primera legislatura que nos puso por delante de todos. Y si la derecha sigue queriendo borrar todo y quitar el foco de su corrupción, su fascismo y su asquerosa falta de integridad, es su problema. Tranquilidad, los lobos pueden acosar al rebaño pero no somos ovejas, somos valientes luchadores.

PD: Sobre la anterior entrada me entristece que muchos sigan manipulando para no hablar del problema importante, esa guerra intestina en la izquierda, y sigan con el debate de si los anarquistas o los comunistas o yo o los otros. No les sigáis el juego, los comentaristas cristofascistas no tienen argumentos y sólo conocen la confabulación sibilina, la difamación, el griterío y la crispación. Enfanga el fondo para que no se distinga a corruptos de honestos. Pero yo tengo una ducha divina, queridas. Me quité su lodo hace tiempo.