Palabra de artivista

¿No nos representan?

El pasado sábado estuve en el 15-O, en Sol, y uno de los cánticos más repetidos, una vez más, fue el consabido "Que no, que no, que no nos representan". Yo en el pasado he cuestionado la eficacia de esa denuncia, pero nunca la legitimidad de la misma. Lo que no había entendido hasta ahora es que ese canto, sin lugar a dudas, se dirige a los partidos de izquierdas. ¿Y por qué? ¿Han traicionado más esos partidos a la ciudadanía que, digamos, el PP? Sí, rotundamente sí. A diferencia del Partido Popular o UPyD, por mencionar a dos partidos con valores netamente conservadores, interesados exclusivamente en defender los intereses de las clases privilegiadas o tradiciones que beneficia sólo a unos pocos, a los partidos de izquierdas se les presuponía unos valores progresistas que han ido abandonando paulatinamente en un extraño ballet lleno de incomprensibles piruetas neoliberales.

Podría justificar sus traiciones, sus arrogancias y demás desprecios a un electorado que les ha puesto donde están, pero, sinceramente, estoy harto. Especialmente después del acercamiento de un partido que me ha desvelado un panorama mucho más desolador de lo que yo pensaba: intereses personales premiados por encima de objetivos políticos, lucha de egos que destruyen importantes alianzas, vendettas personales dictando quien va en las listas electorales y, sobre todo, una desgana, soberbia y arrogancia impenetrables. Este conglomerado de despropósitos ha posibilitado la gran tragedia de la izquierda: la deriva incongruente. Los partidos de izquierdas tienen que recuperar la coherencia si quieren sobrevivir. Porque, a pesar de que alguno ya está rozando la desaparición de manos de un inmovilismo, de una carencia de nuevos resortes con los que reaccionar ante un panorama político cada vez más complejo, sofisticado, confuso y retorcido, mantienen su estructura engreída, ensimismada, endogámica. Una pesada red de burócratas que ignora a los verdaderos agentes de cambio, a los que están en la calle sufriendo las consecuencias de su abandono, enfrentándose a la regresión, mientras, por otro lado, premian a carreristas y oportunistas que están tan alejados de su electorado, de la calle y de una ausente honestidad que suplen con penosos discursos políticamente correctos, tan encorsetados en esa cárcel de lo políticamente correcto que han convertido en un verdadero calvario cada movimiento que se salga de la rutina más ineficaz. Este problema ha acuciado especialmente a la izquierda, perdida entre asambleas, cuotas, acuerdos, competencia desleal envuelta en un hipócrita buenrollismo que no engaña a nadie y extenuantes revisiones de un discurso que no consigue compatibilizar disidencia con la aceptación de un capitalismo voraz, contrario a su esencia  e impenetrable. Están tan perdidos en ese mar de incongruencias que casi viven en una realidad alternativa. Algo que el 15M viene denunciando con más o menos acierto.

Y es en esa pesada maquinaria de partido que quiere complacer a demasiados, donde tenemos encallado al PSOE. El impopular PSOE. Culpable de mil incongruencias,  mil inconsistencias y, peor, mil traiciones a su electorado. Tan preocupados por complacer al de arriba que ignoran al de abajo presuponiendo su fidelidad hagan lo que hagan (un error  que descubrirán en cuanto se cierren las urnas de las  próximas elecciones). En esa prepotente suposición de que a su izquierda no hace falta cuidarla porque siempre va a estar ahí, han renegado de sus aliados, como cuando Blanco se permitió despreciar a los que asistimos a la Marcha Laica y, para añadir sal a la herida, se declaró fan de un papa que venía a insultar, despreciar y atacar a su partido, a su electorado y  a su gobierno. Un verdadero despropósito que muchos no olvidamos.

Es por esas traiciones y esa deriva conservadora por lo que muchos se han centrado más en castigar al PSOE que en evitar el peligroso envite reaccionario que el PP va a traer apoyado por un entramado corporativo, bancario y oligárquico que planea desfalcar nuestras reservas hasta el límite mientras anuncia nuevas crisis cada vez peores (lógico si pensamos que cada vez tendremos menos mecanismos de defensa ante ese caos especulativo de la oligarquía capitalista). Pero muchos seguimos preguntándonos si el sacrificio de una opción progresista, por pequeña que sea, valdrá la pena frente al peligro de que la izquierda ya no recupere nunca su posición de gobernables. A mí me preocupa el precedente de Valencia. En esa comunidad, como analizó el gran Jorge Galindo Alfonso en su magistral ¿Por qué Rita Barberá gana siempre en Valencia?, una serie de condiciones llevaron a una situación prácticamente blindada para el PP.

Es por lo arriesgado de esa apuesta por la refundación del PSOE por lo que muchos tenemos dudas. ¿Y si el camino del vinagre no es el mejor para cazar esa mosca? ¿Y si con miel se cazan más moscas y con un cierto apoyo del electorado el PSOE reflexiona y cambia igualmente, sin estar en una situación desesperada en la que ya da igual lo que tenga que decir o se ha quedado sin operatividad?

Sobre todo, teniendo en cuenta que esa capacidad de reflexión, reacción y regeneración es cada vez es más cuestionable. Como me decía el otro día un amigo que milita en el PSOE. Según ha sabido él, el partido de Ferraz no va a sacar ninguna lección de este derrumbe electoral, porque ya han decidió que ellos no han hecho nada mal, que es todo culpa de la crisis o de su gestión de la crisis. Yo espero que no sea así. Porque eso querría decir que la única solución sería su desaparición y la aparición de un nuevo partido que ilusione, observe y recoja las reivindicaciones de la izquierda sin caer en las trampas de la derecha y los dichosos "mercados".

¿Es ese partido IU? Lo dudo. En IU tenemos a un partido que ha optado últimamente por el ataque al PSOE como estrategia para arañar votos, cuando en realidad han cometido las mismas incongruencias que achacan al partido de Zapatero, e incluso peores (lo de Extremadura no tiene nombre). Y esto con una estructura de partido que premia una mediocricracia de la que las personas con valía huyen o son exiliados. ¿Cómo es posible que un partido que jamás va a gobernar y con sólo dos escaños adolezca de los mismos males y estructuras jerárquicas que uno que gobierna y por lo tanto está obligado a ceder y pactar? ¿Si eso ocurre en la periferia del poder, qué cabe esperar si alguna vez llegase a una situación de gobierno? Mi desengaño con IU ha sido mayúsculo en los últimos años.

¿Es EQUO el partido que sustituirá al PSOE en el camino de la coherencia? Es posible. Todavía tienen mucho que demostrar, pero el mero hecho de que hayan recogido a algunas de las mejores voces de la izquierda (exiliados de una IU que ha maltratado a algunas de sus mejores representantes, especialmente mujeres) ya dice mucho de ellos. Y, sobre todo, su capacidad de ilusionar al electorado de izquierdas con una nueva propuesta. A pesar de que en su corta carrera ya ha decepcionado a más de uno (entre los que me incluyo) votando a favor de la invasión imperialista de Libia.

Aunque más a la izquierda siempre tendremos a partidos como Izquierda Anticapitalista que, aunque muchos vean como una opción poco realista, representa lo mejor de lo que la izquierda no debería haber olvidado, en las inmortales palabras de la filósofa feminista lesbiana Audre Lorde: no se puede desmontar la casa del amo con las herramientas del amo.