Opinion · Palabra de artivista

Pinkwashing en Venezuela

El término pinkwashing es un acrónimo que combina las palabras “blanqueo” y “rosa”, blanqueorosa se podría decir en español, para aludir a la conocida estrategia del “blanqueo de dinero” (convertir en legal dinero ilegal) pero utilizando los derechos gays para “lavar”, ocultar, “blanquear” acciones o atropellos contra derechos humanos que las grandes potencias cometen para dominar el tablero mundial. O sea, se alardea de democracia tolerante usando a los gays (a un cierto tipo de gay, una élite capitalista privilegiada) para demostrar un inexistente grado de tolerancia y se distrae así del clasismo que afectará al resto de la comunidad, las invasiones, torturas, discriminaciones y demás abusos… Se aplica especialmente al estado de Israel, aunque todo viene impulsado por EE.UU. La teórica queer estadounidense Jasbir K. Puar lo popularizó en su libro Montajes terroristas: homonacionalismo en tiempos queers.

El otro término ligado con el fenómeno es el homonacionalismo, utilizado también por la teórica queer Judith Butler, es un término que señala al tipo específico de gay, blanco, rico, juvenil, privilegiado, que se beneficia con esta “aceptación”. Como consecuencia de esta estrategia tan útil para las oligarquías (que la promueven) la comunidad gay ha virado hacia un aburguesamiento que ha acabado en derechización y una complicidad con el racismo, clasismo y misoginia del poder. Este tipo de gay clasista, racista, machista, es lo que Jasbir denomina homonacionalista y yo en mi venidero libro Adiós, Chueca (Memorias del gaypitalismo: creando la marca gay) denominé hace tiempo gaypitalismo (gay-capitalismo).

Si explico el interesante (y aterrador) fenómeno de manipulación de una comunidad para esconder o maquillar los atropellos del capitalismo neoliberal, es para denunciar el preocupante episodio por el que la supuesta “izquierda”, los demócratas, las asociaciones y autodesignados activistas LGTB, han atacado salvaje y ciegamente a Nicolás Maduro y apoyado a Capriles, un peligroso representante de la extrema derecha neoliberal disfrazado de moderno demócrata.

La maquinaria propagandística y adoctrinadora neoliberal que lleva años perfeccionándose en Israel y EE.UU para centrar el foco de la discusión exclusivamente en los privilegios elitistas de cierto tipo de gay como síntoma de tolerancia y avances de los Derechos Humanos ha mostrado su aterrador poder distorsionador y manipulador en el enfrentamiento entre Maduro y Capriles.

En ningún lugar ha quedado más clara la manipulación de la supuesta defensa de los derechos gays que en la campaña de Venezuela. Mucho tiene que ver que la monstruosa plataforma mediática y de marketing que ha entrado en el proceso desde fuera para socavar la revolución bolivariana con lo que sea es ese neoliberalismo disfrazado de democracia de las grandes oligarquías corporativas. Y ese lo que sea ha sido la homofobia. De repente, como bien explica mi amiga la activista LGTB y feminista Marianela Tovar en su magnífico artículo El amor Maduro vence los armarios del fascismo (imprescindible lectura para entender la manipulación), la comunidad LGTB venezolana pasó de un permanente olvido a estar en el centro de los intereses electorales y de toda la nación. Maduro pecó de candidez y evidenció la homofobia que tiñe a la mayoría de humanos (un detalle que dejan fuera, no es que Maduro sea especialmente homófobo, es que hasta algunos homosexuales son salvajemente homófobos a causa dela exposición a esta sociedad) y Capriles vio una oportunidad de convertirse en victima y paladín de unas libertades que niega continuamente (según rumores), a sí mismo el primero.

La trayectoria ultrareligiosa, homófoba, clasista, misógina, y de pisoteo de Derechos Humanos de Capriles está bien accesible para el que se quiera enterar e ir más allá del monumental muro de marketing que los medios de la derecha (los de su familia los primeros) han levantado para ocultar la verdad. Capriles ha estado vinculado con sectas ultracatólicas como Tradición, Familia y Propiedad que deja al Opus Dei en una reunión de hippies. Pero no es algo del pasado, a día de hoy alude a su extremo fervor religioso y repite una y otra vez ser “Cristiano, católico y mariano”. De hecho va besando figuras de vírgenes que arrastra por todas partes e invoca a un catolicismo ultraortodoxo y enemigo de la Teología de la Liberación, que no creo vea con muy buenos ojos la homsoexualidad. Pero la maquinaria del blanqueorosa entró en funcionamiento y rápidamente se declaró gran defensor de los derechos LGTB, sin aceptar el matrimonio homosexual, por supuesto, y concediendo como mucho una Unión de parejas. Y eso es en campaña, una campaña en la que ha mentido todo y ha robado sin pudor toda la imaginería, programa y discurso de Chavez para de repente parecer un socialista pero chic. Y esa simplificación ha funcionado: todos han corrido a centrarse sobre la homofobia de Maduro como único factor a tener en cuenta.

Nadie ha dicho ni mú de la de Capriles. Ni de su clasismo y misoginia machista que trata a las mujeres como floreros que realcen su hombría. Tal como Israel hace con palestina,el análisis de su defensa de los Derechos Humanos se detiene en la homofobia del enemigo. Aunque Maduro haya demostrado ser consciente de su error y haya pedido perdón, rectificado y celebrado a la comunidad LGTB, sexodiversa, en un discurso ante la nación que hará más por luchar contra la homofobia, que romperá mas estigmas que mil ambiguas declaraciones institucionales de un Capriles perdonaenfermos. Por favor, véase la claridad y rotundidad con la que Maduro exigió a la Revolución Bolivariana que reconociese a sus hermanos y hermanas sexodiversos.

Pero esa defensa  intachable de la comunidad LGTB no se difundió. Se quedaron con el mito de que Maduro es un homófobo y Capriles una víctima que nos representa y, al igual que Israel, repito, no se analizó nada más del fondo de esa mentira engañosa o media verdad que oculta un fondo mucho más peligroso, discriminatorio y sucio que mil insultos desde la ignorancia (reconocidos y corregidos, repito). Capriles no va a corregir nada de lo que hace en su estado (cerrar bibliotecas, no aceptar la policía nacional, despedir funcionarios, privatizar servicios, discriminar a  homosexuales, negros, indios y pobres, porque lo oculta. Y si hubiese llegado al poder veríamos con qué celeridad, la de Rajoy, habría negado todas sus promesas e implantado el antiguo régimen patriarcal.

Por supuesto, este blanqueorosa donde más ha funcionado ha sido a nivel internacional. En Venezuela no ha importado mucho la homofobia, los mariconsones y lesbianas no son una realidad imperante. En Europa, la cínica, sí ha importado mucho. Le sirve de disculpa para justificar sus continuos asaltos a la soberanía de Venezuela, las injerencias de esas corporaciones e intereses empresariales corruptos (liderados desde España), para insultar al pueblo venezolano tachándolo de ignorante desde los medios elitistas y neoliberales españoles. La razón, ABC, El país, se han convertido en parte central de la campaña de un país ajeno. Desde sus rotativos han lanzado campañas monstruosas para desinformar, confundir y dictaminar quién es el demócrata, el legal, y quién el dictador, aunque sea un pueblo entero el que ha votado y ellos sean el 0,000001% de un país extranjero buscando saquear otro ratito “las colonias”.

Pero lo más triste ha sido ver cómo la supuesta izquierda española ha caído en las trampas de la oligarquía neoliberal y, sin informarse, han corrido a seguirle el juego a los mismos a los que aquí tachan de fascistas. En Venezuela está bien discriminar  a pobres, matar de hambre al pueblo, mantener en el analfabetismo a la población para poder explotarla en sus plantaciones, pero en Europa es un crimen lo que hacen con los desahucios o que cuestionen tu matrimonio homosexual en tu ático de lujo con oficiante del PP, que hay que ser tolerante.

Cuando veo a algunos miembros de las juventudes del PSOE e incluso IU, apoyar a Capriles y despreciar a Maduro, no salgo de mi asombro. La izquierda europea se ha convertido en una élite privilegiada que desprecia el barro, la calle, la dura incongruencia de los desfavorecidos. Pregunta a cualquier nuevo miembro de los partidos de izquierdas, especialmente el PSOE, y te recitará de memoria los sesudos estudios queer o de género que sus universidades les hayan recomendado como modernas o rompedoras. Pero de práctica no saben nada. No podrían ni imaginar esos comités y asociaciones bolivarianas que se lanzan a las calles, a los pueblos, a la selva a ayudar al pueblo, a mancharse con la mierda de la vida. ¿Son contradictorios? Mucho. A mi me espanta ver a un líder de izquierdas aunar socialismo y Jesucristo, pero la realidad es muy contradictoria y difícil de depurar. Sólo en las asépticas aulas, en los privilegiados departamentos y estudios se puede hacer una teoría pura, lineal, sin fisuras. Estos izquierdistas lo saben todo de la teoría pero nada de práctica.