Opinion · Palabra de artivista

Teatro para enamorarse

dehombreahombreHace mucho que una obra de teatro no me hacía llorar, emocionarme, sentir escalofríos y deseos de saltar al escenario y abrazar a un personaje para protegerlo de mis recuerdos. De hombre a hombre, la sorprendente propuesta del argentino Mariano Moro que cada jueves a las 20.30 horas se puede ver en el placentero Karpas Teatro, con dirección del generoso Rodrigo Chiclana e interpretación de unos mágicos Lisandro Vela —como el rígido profesor católico Juan Manuel— y Carlos Munera —su apasionado (y apasionante, imposible no enamorarse de su brío, vulnerabilidad y fuerza) alumno gay Andrés— lo ha hecho con creces.

El teatro gay (de temática gay lo llamarían los puristas) hace tiempo que cayó en lo formuláico en España. Las obras perezosas, vagas, facilonas, autocomplacientes, se convirtieron en la norma en una decadente comunidad gaypitalista en la que hasta las editoriales optaban por esa misma celebración burgaysa tras unos bullentes 90. Quizás por eso los escasos destellos de autenticidad, de honestidad sin cinismo, ahora lleguen de mano de autores y compañías latinoamericanas que aún no han caído en ese insoportable posmodernismo ajado y academicista o el más insufrible aún heterocentrismo aburguesado que replica las rutinas pequeñoburguesas.

De hombre a hombre evita esa rutina con un arriesgado descenso rápido entre ingeniosos diálogos, vertiginosos monólogos, deliciosas citas, argumentaciones y contraargumentaciones sobre Sócrates, Alcibíades, Walt Whitman o Lorca, coqueteos divertidísimos y una tensión sexual entre profesor y alumno que sería la envidia de cualquier farmacéutica competidora de la Viagra.

Pero más allá del erotismo juguetón o el retrato de una homofobia (y endohomofobia) latente, De hombre a hombre tiene la extraña virtud de crear magia en escena. Es un viaje a esa homosexualidad batalladora, inocente, furiosa y dolida que muchos hemos vivido en nuestra adolescencia y su careo ante la cínica homosexualidad armarizada de los adultos católicos travestidos de intelecto. Esa joven homosexualidad no pide disculpas, no oculta su vulnerabilidad, no esconde su honestidad tras el cinismo, la ironía o el desdén.

De Hombre a Hombre 064-700Esa magia brilla especialmente en el maravilloso retrato de Andrés, el adolescente furioso que se niega a permitir que sus homófobos padres (“mi padre me muele a palos porque no soporta que sea gay y mi madre me ignora”, confiesa dolido en un momento), sus burlones compañeros o incluso sus esquivos amores le arranquen sus imbatibles deseos de dar amor, de recibir amor, de vivir amor. Es este personaje (y el extraordinario, extraordinario actor que lo interpreta con una pasión pura envidiable, Carlos Munera llegará muy lejos si las jefas de casting no se han dormido en sus oficinas: llamamiento a Bilbatua, Arnao, Bayonas y demás) el que concita una magia en el escenario que te arrastra hasta el borde de tu asiento… o de las lágrimas. Su sed de conocimiento, su curiosidad, su ágil mente que desgrana argumentaciones o lecturas fascinantes ante sus compañeros o ese profesor que acaba por caer rendido ante su inteligencia, enamora y apasiona. El pulso con el que el actor mantiene ese duelo intelectual y sensual con su maestro es presagio de un enorme actor que brilla con luz propia.

Es especialmente fascinante el análisis de la resignación homófoba que hace cuando habla de Sócrates y cómo “prefirió envenenarse a luchar por lo que sentía”. Emociona ver esta contraposición de la beligerante homosexualidad del adolescente frente a la tortuosa homosexualidad reprimida del profesor católico, precavido, vencido.

De Hombre a Hombre 146-700En este año que COGAM y la FELGTB han escogido como eslogan para el Orgullo un Jóvenes sin armarios, esta obra debería recomendarse, llevarse a los colegios, esta historia debería preservarse, ese indefenso aunque luchador Andrés debería ser protegido como todos y todas las adolescentes que intentan preservar su amor del marchitamiento que la nueva embestida homófoba del PP y sus amos de la Iglesia Católica quieren recuperar.

Aunque quizás sea el hilo menos elaborado, la hipócrita homofobia que la Iglesia impone en las aulas es uno de los primeros temas propuestos por esta obra. Su profesor, empeñado en hablar de Cristo, Dios y las oraciones mientras sus deseos le llevan a un jugueteo con los alumnos, es un claro exponente de lo que el PP va a potenciar en las aulas.

El duelo entre el amor honesto, limpio y verdadero del alumno y el interesado, oscuro y falso del profesor toma relevancia en este ámbito. Es triste ver cómo las ilusiones de ese adolescente que empieza a construir su amor se estrellan contra los convencionalismos y la precaución interesada de su profesor. Uno desea fervientemente que Andrés encuentre alguien que le quiera como se merece, como nos merecemos: sin miedo, sin odio, sin culpa, sin armarios…

Cuando en la escena final escuchamos ese sobrecogedor (y acertadísimo) Por quien merece amor de Silvio Rodriguez con su dolido “¿Te molesta mi amor? Mi amor de juventud”, el que aquí firma rompió a llorar y sintió deseos de gritarle a todo el público un enloquecido “¿Pero es que no veis que esta magia la hemos perdido y ellos nos la devuelven al precio de una entrada?”. Me  limité  a gritar bravos que el público, mayoritariamente hombres y gays, parecía compartir pero no corear.

De Hombre a Hombre 147-700Hay que destacar en esta obra a Lisandro Vela, el actor que interpreta con destreza al precavido profesor, él tiene mucho que ver en el éxito de esta propuesta. Tanto encima de las tablas (es un afinado actor que sabe llenar de energía las escenas y de un desconcertante baile entre la vulnerabilidad y el cinismo más egoísta que su personaje ejecuta con cobarde pericia), como fuera de estas: hablando con él y su director uno se da cuenta de que ésta ha sido su apuesta (“Fue Lisandro el que me propuso hacer este texto”, me confirmó Rodrigo a la salida del recoleto Teatro Karpas). Gracias, Lisandro, por recuperar este texto y esta magia.

De verdad, si queréis haceros un favor y vivir la magia del auténtico teatro, id a ver uno de estos jueves esta obra. Os recargará las ilusiones por muy duro, realista, en realidad, que sea el final.

Las funciones serán los días jueves de junio a las 20:30 hs. en el Teatro Karpas (c/Santa Isabel, 19 – Madrid – Metro: Antón Martín). Las entradas se pueden adquirir a través de la web www.karpasteatro.com, www.atrápalo.com, y www.entradas.com

PD: La función ha vuelto en noviembre 2013 en funciones todos los miércoles a las 20.30h y los viernes a las 22.30h.