Opinion · Palabra de artivista

Eliminemos la prensa, dejemos la propaganda

prensadelregimenLa espiral de violencia que el PP ha desatado desde el 22M está llegando a cotas de verdadera dictadura. A nadie se le escapa la monstruosa maquinaria propagandística que los medios del régimen han puesto en marcha con el fin de criminalizar, demonizar y castigar a los cada vez más numerosos manifestantes que denuncian esta estafa que ellos llaman crisis. Pero este pasado sábado se cruzó una línea roja muy peligrosa cuando se atacó a la prensa y se le impidió retratar las ilegales, matonas y sucias maneras de la policía antidisturbios o UIP (creada por el PSOE con la Ley Corcuera, no lo olvidemos) en la detención de testigos incómodos, o sea: todo aquel que denuncie la corrupción de este estado anti-ciudadano y pro-súbdito.

La policía da por sentado que su violencia indiscriminada y anti-constitucional contra todo aquel que se manifieste pacíficamente es ya lícita, porque el PP ha enviado el mensaje de que en una democracia se puede apalear a un ciudadano sin motivos, razones y sin mostrar la placa (tras la chulería de Cifuentes declarando que todos sus matones agentes iban a mostrar sus placas, seguimos viendo en video cómo se ríen de quien se la pide y les retan a tener que quitársela violentamente). Esta extraña creencia de que la violencia brutal e injustificada es algo legítimo en una democracia queda clara en las explicaciones que el Director General de la Policía ha dado para justificar las agresiones a varios periodistas: Cosidó: «No es fácil distinguir a un periodista de una persona que agrede a la Policía». ¿O sea que a un ciudadano español que se manifiesta pacíficamente y ajustado a la Constitución sí es legítimo molerlo a palos, humillarlo («Cállate, guarra»), insultarlo cual matón de barrio («Te voy a patear la cabeza») o arrancarle el móvil y borrarle las pruebas de estas agresiones (testimonio de un joven al que encerraron en la furgoneta policial el 29M para borrarle fotos)?

Me parece gravísimo que la policía (o la Delegada del Gobierno) ya considere que no tiene que dar explicación alguna sobre los excesos violentos e ilegales de sus agentes, en orgía libre de chulerío tanto durante el 22M como en la Universidad o el 29M. Parece ser que sólo intentan, muy desganadamente, eso sí, justificar sus agresiones a la prensa, a la cual hace ya mucho que impiden registrar o documentar el irregular proceder de funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones (donde se incluye la policía, obligada a dar explicaciones a la ciudadanía que les paga y mantiene). La policía, alentada por la cada vez más chula y despendolada Cifuentes, se comporta más como un grupo paramilitar contratado por una empresa que no tiene que dar explicaciones a nadie y que no está sujeto a control democrático alguno. El PP sonríe con cinismo, gratificado en su estrategia de convertir a la policía en sus camisas pardas o matones al servicio de su corrupta élite, imputada en mil casos delictivos. Y mientras, las imágenes de ciudadanos apaleado en la vía pública, insultados, empujados con desprecio por una policía que recuerda cada vez más a la franquista, van en incremento. O la de periodistas acosados para disuadirles de registrar estos delitos policiales.

El hostigamiento es tal que la OSCE ha pedido al gobierno que investigue los ataques de la policía a los periodistas. Este alarmante indicativo de que en España se están haciendo muy mal las cosas, que desde fuera se nos ponga al nivel de dictaduras asiáticas o estados en guerra, debería preocupar mucho a Rajoy, sólo ha servido para que el ala casposa cañí del PP saque su discurso Bienvenido Mister Marshall y una cada vez más friki Esperanza Aguirre llame al aislacionismo franquista de «no les necesitamos para nada, Ejpaña es un estado soberano… menos para el tea party de los EEUU u otras multinacionales fascistas».

Esta carga contra la prensa ha evidenciado el doble rasero que se aplica en la represión: mientras a los lacayos del sistema, voceros, propagandistas, publicistas, como quieras llamar a quien promociona las mentiras del sistema, se le está promocionando, regalando columnas y tertulias televisivas, a los verdaderos periodistas, a los que denuncian los abusos, ni digamos a los que son activistas, se les está agrediendo físicamente, impidiendo su labor, humillando y difamando. Igual que a cualquiera que rompa el discurso mentiroso del poder. Estamos como en el peor régimen déspota.

Pero lo peor que estas agresiones a la prensa ha destapado ha sido una división e insolidaridad entre los miembros de la prensa. Esto ha quedado patente en el caso de los 7 periodistas agredidos el 29M. La mayoría se encontró en el SAMUR mientras eran atendidos de sus heridas, pero tras una oferta inicial de poner todos juntos la denuncia y dar una rueda de prensa en Plaza de Castilla, la cosa acabó en grupos unidos por la asociación de periodismo a la que pertenecían, abandonando a su suerte al que no estuviese integrado en alguna de las mayores o, incluso, en ninguna.

Cuatro periodistas agredidos pusieron denuncia y dieron rueda de prensa mientras los otros tres se reunían por otro lado reivindicando la vertiente política y ciudadana de su periodismo y de las agresiones. El debate no ha sido acogido por muchos periodistas que ven en su trabajo sólo eso: un trabajo por el que cobrar. Y aunque muchos son los que denuncian El tema del chaleco , la mayoría no quiere arriesgarse a ser considerado abiertamente independiente del poder. Algunos periodistas, los independientes y con una clara conciencia activista, se han sentido traicionados por compañeros que no quieren entrar en el debate político y simplemente reclaman condiciones de seguridad para sacar las fotos que los medios compren (la mayoría de derechas o muy templados y cuidadosos en pisar los callos de grandes corporaciones o banqueros poderosos) y no perder el tiempo en fotos o vídeos que no «interesan».

Este debate debe abrirse y plantear una estrategia, una respuesta consensuada que al final nos afecta a todos y todas. Mientras la prensa que sólo busca la foto comprable (el que tiene dinero nunca es un disidente de izquierdas) sea la protegida por las asociaciones que Delegación de Gobierno acepta como interlocutoras, no se dará voz a las injusticias. Y la maquinaria propagandística y criminalizadora del régimen seguirá manipulando a la opinión pública con sus mentiras en portada. Todo esto ha llevado a eliminar la prensa y dejar y premiar la propaganda. Basta ver cualquier tertulia o columna para comprobarlo. Si a esto le unimos la bochornosa neolengua del PP, sabremos que ya estamos en el 1984 de Orwell.

Y fue precisamente el gran George Orwell quien dijo Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas.