Opinion · Palabra de artivista

«Granos de uva en el paladar», otras formas de lucha

afiche granos de uva2013 bajaMañana empiezan los últimos cuatro días para ver en Madrid esa extraordinaria clase magistral de teatro, lucha y sentimientos que es Granos de Uva en el Paladar. Además en la función de mañana tendrán su tradicional debate con el público. Tras su paso por la capital iniciará una gira por España que la llevará de Granollers o Alicante a Valencia. De antemano os animo a no perderos esta exquisita pieza de relojería –nos mueve por el tiempo con la exactitud y ligereza de la maquinaria eterna– que ha estado cuatro temporadas iluminando los escenarios de Argentina y ahora llega al «lugar de los hechos» para recordarnos lo que no debemos olvidar y lo que la élite franquista –que sigue manejando los hilos del poder– tanto trabajo se toma para borrar de nuestra memoria: Garzón (mentor de esta obra que la apoyó en Buenos Aires y ahora vendrá a verla en Madrid), Silva (explicado con claridad meridiana por el gran Rafael G. Almazán en su Elpidio Silva y Garzón, dos vidas paralelas), Ruz (ahí otro análisis impecable del gran Rafael G. Almazán de por qué han sacado la plaza del juez  a concurso: por traidor) y tantas otras víctimas de esta dictadura encubierta son testimonio de la actualidad de esta guerra. No digáis que lo que cuenta esta obra es cosa del pasado, es poco inteligente ignorar que seguimos sufriendo las consecuencias de lo que pasó entonces. También es poco inteligente olvidar las formas de lucha que ingeniaron aquellos y aquellas David contra Goliat. Todo el marketing del mundo no suple su fuerza, integridad y honestidad. Con ese motivo quiero compartir mi experiencia la emocionante noche de estreno.

No fui el único que lloró, rió y soltó suspiros hondos como fosas oceánicas viendo el estreno español de la obra de teatro Granos de uva en el paladar. Solo bastaba mirar el repletísimo patio de butacas del venturoso Centro de Nuevos Creadores o sala Mirador para ver a varias personas enjugándose disimuladamente las lágrimas, sonriendo con satisfacción o asintiendo con orgullo al ver, por fin, su historia recordada. Estos últimos, los más veteranos, hacían equilibrios al borde de su asiento, como queriendo memorizar cada segundo de este prodigio que quizás contase algo de su historia silenciada, ninguneada y olvidada. Como la de los héroes y heroínas republicanos a los que tanto debemos y que hoy, una vez más, son negados o escondidos por los nuevos triunfadores del capitalismo academizado como una «carga para ganar» o «algo del pasado que nos detiene en el imparable avance». Pero anoche un único pulso latía en la sala Mirador: el pulso de la admiración, el cariño y el respeto. Incluso me atrevería a tildar de reverencia el aire que recogía aquél espacio súbitamente atemporal en un solo latido.

Es más que comprensible semejante devoción, porque Granos de uva en el paladar es ante todo, y sin complejos, una digna y emotiva reivindicación de la II República, de las extraordinarias personas que vivieron y murieron ese sueño, como bien resumió el magnífico especial de este medio La República renace en la sala Mirador.

Es importante recalcar la sala en la que se representa ese milagroso renacer, porque la función tuvo lugar en un espacio que lleva años siendo un faro de buen teatro, compromiso y valentía social. Un refugio para lo imprescindible que, de manos de su admirable gestor y programador, Juan Diego Botto, ha roto el silencio que el panorama teatral madrileño mantiene sobre el verdadero teatro innovador, renovador, transgresor y, sobre todo, de calidad. Hay que agradecer mucho a Juan Diego su apuesta por compañías y obras que van más allá de lo meramente comercial, aparente o complaciente. Y ayer hacía honor a su cargo aplaudiendo a rabiar en primera fila y comentándome después lo orgulloso que estaba de haber traído a España esta joyita, de apostar por la tan necesaria Memoria Histórica.

Porque la obra que anoche causó semejante revuelo –las oleadas de bravos y aplausos duraron sus buenos 10 minutos– es una verdadera joya. Una rareza esculpida, tallada y engarzada laboriosamente a lo largo de cuatro años en Argentina por autoras y actrices comprometidas que por fin ha llegado a España. Les ha costado cumplir un sueño –largamente acariciado– a las creadoras de la obra y su compañía, compuesta por cuatro expatriadas españolas y una chilena que ha vivido en España 28 años, y en Chile y en Argentina otros tantos. No es de extrañar que conecten con el largo exilio que la República lleva viviendo desde hace tanto, «llevo 17 años viviendo y 75 muriendo» exclama sin rencor un personaje que representa a los asesinados en cunetas y fosas.

Semejante empresa se estructura en tres relatos de Susana Hornos (“Chusa”, “Adelina” y “Miguel”) que van recorriendo la II República, la dictadura franquista y, finalmente, el momento actual con su terrible olvido, magníficamente expresado con ese Miguel perdido en el ultramundo que pide a gritos saber dónde está, que alguien recoja a su amigo asesinado junto a él y poder reunirse con sus seres amados (lágrimas como cataratas en el patio de butacas).

La II República nos dejó a Lorca, Hernández, Salinas y Cernuda, a Ramón J. Sender y Juan Ramón Jiménez,  a La Argentinita y Angelillo, a las Misiones Pedagógicas, al teatro ambulante La Barraca que iluminó a las personas rurales y desfavorecidas que no habían tenido acceso a ese arte, a Picasso y Miguel de Molina, a Margarita Nelken, el divorcio, a Clara Campoamor y el sufragio femenino… pero, sobre todo, nos dejo otras formas de lucha. Trincheras principalmente pobladas por mujeres que hasta entonces habían sido tratadas como meras bestias. Porque la II República fue un terremoto con epicentro en el cuerpo de mujer. Las mayores y más revolucionarias transformaciones tuvieron que ver su estatus en la sociedad. Susana Hornos y Zaida Rico saben hilar con ese terremoto con tanta inteligencia como sensibilidad. No en vano el cartel de su obra nos muestra un cuerpo de mujer desnudo que parece abatido por los ires y venires históricos que en esos años sufrió. Y es que una de las mayores virtudes de Granos de uva en el paladar es dar la vuelta a la mirada tradicional sobre la II República y descubrirnos las heroicidades y otras formas de lucha que más se han ignorado: la de las mujeres. Incluso vemos un atisbo de otroluchismo, si se me permite el neologismo, en un episodio con tintes homosexuales que se insinúa en el tercer tramo, «Miguel». Su tierna amistad con su mejor amigo, Luis, junto al que unos sublevados le asesinan sin miramientos en un viñedo en el que abandonan cadáveres para la eternidad. «¿Pero es que nadie se ha dado cuenta de que nos habéis dejado tirados como perros aquí?», grita Miguel desesperado en el futuro, poniendo voz a todos los desaparecidos.

20141211_214037La actriz que interpreta este magistral personaje es Zaida Rico (en la foto conmigo) y hay que destacar que permanece durante los dos tercios previos de la obra tirada en el suelo, inmóvil, abandonada al olvido, como los desaparecidos. Cuando lentamente vuelve a la vida como Miguel, deslumbra en su espectacular interpretación. Una lección de ternura, rabia y candidez que ilumina el escenario hasta el éxtasis. Su tierna relación con su amigo Luis es de una fuerza y evocación impresionantes. Uno vuelve a esos campos de una España aún demasiado inocente para responder a la perversidad de los sublevados, que son los de siempre, los que quieren convertir la vida en una prisión bajo su bota impune. Ver los planes de los dos adolescentes que sueñan con otras vidas, esas que la República hizo posibles para los pisoteados, es algo que atenaza el corazón tanto como desencadena en el espectador preguntas, la principal ¿por qué dejé de soñar?

20141211_212633Sin olvidar la deslumbrante presencia escénica de Susana Hornos (a la derecha en la foto, a la izquierda la actriz chilena Lorena Carrizo) que domina todo este paseo por lo excepcional con tanta convicción como brillantez. La Hornos es una gran actriz. Se nota el orgullo y la rabia de lo que interpreta. Se nota que sale de muy adentro. Su imponente presencia va guiando a las otras actrices, igualmente destacables, con una delicadeza admirable. Formando un conjunto bien ensamblado que consigue ilustrar las otras formas de lucha que otras miradas quizás hayan olvidado.

20141211_215456En el entusiasmo del estreno, pude posar con todas ellas, grandes, que no podían ocultar su felicidad al haber cumplido su sueño de estrenar en España, por fin, como se ve en las exultantes sonrisas que lucen en la foto.

Volviendo a la obra, esas otras formas de lucha encuentran su mejor expresión en el segundo episodio, «Adelina», en el que la ingeniosa venganza de la cocinera de la cárcel de mujeres hizo soltar tantas carcajadas como suspiros al público cuando, a través de su cocina, sabe reivindicar la bandera tricolor con tanto ingenio como valentía. Preguntada sobre el ingenio de este relato, Susana Hornos me confesó que se le ocurrió viendo un programa sobre cromoterapia a través de los alimentos. Verdaderamente brillante. Tan brillante como terrible es la agonía de las presas a manos de una sádicas e hipócritas «monjitas» que destruyeron vidas con las palabras «amor» y «caridad» en la boca.

También el primer episodio, «Chusa», cumple con perfecta eficiencia su cometido: ilustrar el brutal cambio que la II República trajo a España. Situado en esa oscura España feudal, la posibilidad, por primera vez de aprender a escribir y leer de las mujeres y, especialmente, las consecuencias de la pionera ley de divorcio, explican con certera precisión el antes y el después que la República supuso para la mujer en particular. Todo ello acompañado de unas coreografías, abstracciones escénicas y belleza estética que hacen la obra un placer contemplativo para el espectador.

Estéticamente, la obra es de una brillantez impresionante. Todo el sufrimiento, toda la alegría, toda la innovación de esos tiempos convulsos están reflejadas en la obra pero desde un prisma artístico que se sumerge en la obra pictórica de Picasso (maravillosa recreación del Guernica) o Goya (igualmente emotiva las recreaciones de Los desastres de la guerra o Los fusilamientos del 3 de mayo), sin olvidar a Lorca y su Teatro La Barraca o el folclore popular.

Incluso encontramos retazos de Bertolt Brecht. El autor alemán convirtió su teatro en un poderoso vehículo para recordar lo que nadie quería recordar y a la vez iluminar el panorama artístico con una renovación de la escena que derrumbó la cuarta pared en su teatro épico y que pasaba por lo político como esencia del arte. Su demoledor Terror y Miseria del tercer Reich expone desde la desnudez una época terrible para que no se olvide. Susana Hornos y Zaida Rico, hacen a su manera algo parecido con su Granos de uva en el paladar. Envuelven al espectador entre el escalofrío y el asombro.

Escalofrío al escuchar a las actrices cantar la desafiante (Si me quieres escribir) Ya sabes mi paradero o el lorquiano ¡Anda jaleo! Porque otro de los aciertos de la obra es el cancionero que rescata e inserta hábilmente en la dramaturgia como espinas en una bellísima rosa.

Si me quieres escribir
ya sabes mi paradero
Ventas, cárcel de mujeres
primera línea de fuego.

El conocido verso en la obra ha sido virado hacia la mirada femenina y habla de las terribles cárceles de mujeres, como la de Ventas, en la que perdieron la vida heroínas como las 13 Rosas y tantas otras que murieron por enfermedad o hambre. En cárceles para 300 presas se metieron a 15.000 que tenían que hacer turnos para dormir tumbadas. Eran los tiempos de la ilusión, la generosidad, la utopía… la verdadera ilusión. No la de marketing para vender productos asimilándose.

Y asombro por haber olvidado (o negado, según como se mire) este esencial episodio de la historia de España. El espectador descubre cuánto tenemos todavía que aprender de estas personas extraordinarias, estas vidas excepcionales que destellaron unos segundos en una historia  oscura y gris y  se apagaron a pisotones. Entrando en un interesado olvido que quiere negarnos los caminos que estos seres maravillosos, republicanas y republicanos, nos abrieron con su sangre.

Así, sobre un sobrio manto rojo que evoca tanto la sangre derramada como la ideología invisibilizada (Hornos me comentó la intención de evitar acudir a la bandera republicana por universalizar esta historia; algo lógico por sus paralelismos con los desaparecidos argentinos o chilenos), la mirada feminista perfila y enriquece la exquisita filigrana que es  Granos de uva en el paladar. El mero hecho de que sólo haya actrices que interpretan a personajes masculinos y femeninos es ya un acierto en la intención innovadora de este eficiente ejercicio de dramaturgia y escena.

La emoción da paso al entendimiento y éste al orgullo de ser distinto… distinto a esos verdugos que nos robaron nuestro futuro nuevo, a nuestros hermanos y hermanas y, sobre todo, esas otras formas de lucha que durante un vibrante segundo iluminaron a la oscura España.

Que no te vuelvan a robar ese futuro nuevo. Ve a ver Granos de uva en el paladar y descubre que siempre fue tuyo. Como la dignidad, la solidaridad y el grito limpio. Todo eso y mucho más late entre las cuatro paredes que acogen este ejercicio de memoria… tu memoria de lo que va a ser si sabes lo que fue. Porque, y siento acabar con tan trillada cita pero es que ahora es más cierta que nunca: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.

Granos de uva en el paladar
Sala Mirador (Doctor Fourquet, 31. 28012 Madrid Tlf. 91 528 95).
Funciones: Jueves 18-viernes 19-sábado 20 20:00 h. / domingo 21 10:30 h.
Dirección y Dramaturgia: Susana Hornos y Zaida Rico
Intérpretes: Lorena Carrizo, Susana Hornos, Maday Méndez,  Ana Noguera y  Zaida Rico.
Puedes reservar tu entrada en taquilla@fcnc.es o llamando a 915395767.
Entrada anticipada: 14 euros
Entrada en taquilla: 16 euros