Opinion · Palabra de artivista

Dolce & Gabbana, carroña absurdigay

dolce&gfamiliaEn un nuevo capítulo del culebrón Prodigiosas mamarrachadas de los absurdigays, los diseñadores italianos Dolce & Gabbana han decidido iluminarnos con su sabiduría endohomófoba (odio a uno mismo) y, para agradecer al amo patriarcal que los ha encumbrado a pesar de su mediocridad, se han lanzado a declarar que están en contra de las adopciones homoparentales, del matrimonio homosexual y de todo lo que sea igualdad para los homosexuales. En opinión de estos dos oportunistas (eso es lo que son), que en 2005, al calor de la aprobación del matrimonio homosexual en España –que tanta repercusión tuvo en Italia–, aparecían en portada del Vanity Fair cargados de churumbeles y anunciando «el deseo de ser padres», y 10 años después, al calor de las numerosas campañas homófobas promovidas por la Iglesia, como la parisina Manif pour tous, declaran a la revista de Berlusconi Panorama «Viva la familia (tradicional)», los maricones deben estar bien oprimidos, humillados y marginados, aunque no haya razón para ello, aunque los avances científicos permitan evitarlo, porque así lo dice la Iglesia y la derecha. Otro caso de bipolaridad galopante. En realidad, como magníficamente explica la activista feminista lesbiana colombiana Elizabeth CastilloNo es bipolaridad. Es que los privilegios de cla$e no les dejan pensar en derechos. ¡Bravo! Por eso insisto en denunciar la negación de la lucha de clases en la comunidad LGTB como la estrategia del capitalismo para desactivarnos y la perentoria necesidad de unir las luchas.

Estos absurdigays entienden que meterse con cualquier gay, por muy homófobo y peligroso que sea, es homofobia. No, queridos, la homofobia (endohomofobia, dirigida hacia adentro, hacia vosotros mismos) es la que practicáis vosotros. Por esa ignorante regla de tres que os habéis sacado del fascismo que lleváis asumido, ¿criticar o despreciar al asesino en serie Jeffrey Dahmer, el «Carnicero de Milwaukee», un gay responsable del salvaje asesinato de 17 hombres y chicos entre 1978 y 1991, conocido no sólo por la cantidad de personas que asesinó, sino también por practicar la necrofilia y el canibalismo, es homofobia? ¿O despreciar al gay asesino de vuestro compañero Gianni Versace (y unos cuantos más) es homofobia? ¿Cuántos programas de Barrio/Plaza Sésamo os saltásteis de pequeños, absurdigays? ¿O es que el movimiento de coser y diseñar bloquea la lógica?

No, homofobia es lo que estáis haciendo vosotros. Homofobia es condenar a un chico o chica joven al odio que promovéis vosotros cuando un día sueñe con tener una familia e hijos. Homofobia es decirle a un ser humano que es menos que otro porque lo dicte el negocio del odio o Iglesia católica. Homofobia es promover entre la población el sentimiento de que pueden (y deben) despreciar, insultar, humillar y condenar a cualquier gay que mejore la especie. Homofobia es promover el estigma, el odio y la marginación que hemos sufrido durante siglos. Homofobia es usar la ignorancia para hacerse sentir inferior o incapaz de acceder a una vida digna a otra persona. Homofobia es apoyar al opresor acusando al oprimido de ser culpable de su opresión… y todo por recibir beneficios a cambio de la traición. Homofobia, en definitiva, es estar con el verdugo y susurrarle a la victima que la culpa es suya. Homofobia es lo que vosotros hacéis.

Este caso es especialmente lacerante ya que Dolce & Gabbana se hicieron ricos promoviendo el gaypitalismo, la marca gay, en los 90, cuando (como analizaré en mi venidero libro Adiós, Chueca (Memorias del gaypitalismo: creando la marca gay)) el capitalismo convirtió nuestra lucha y avances en privilegios y mercado de unos pocos gaympresarios devenidos oligayrquia entre los que os contáis vosotros. Vosotros jamás vendísteis talento o arte, vendísteis merchandising gaypitalista: camisetas, gafas, bolsos, carteras, colonias…., marcas que ratificasen tu pertenencia a la élite gay; os beneficiásteis de la desesperada necesidad de los gays de tener una identidad «aceptable» que vosotros y unos cuantos sinvergüenzas como mis exsocios del Shangay Tea Dance y el Shangay Express; o Pedro Serrano en sus locales de la noche; o Pedro Zerolo en la política y asociaciones; o Kike Sarasola en sus hoteles; explotásteis, convirtiendo en mercadeo, en una marca que esos pobres parias os podían comprar a buen precio a vosotros para ser «gays aceptables». Y en el proceso promovísteis la peor misoginia y machismo con anuncios que frivolizaban la violación y denigraban una y otra vez a las mujeres. Hasta que, forzados por feministas, os vísteis obligados a retirar el anuncio que glamurizaba la violación en todo el mundo.

Encima, los diseñadores van ahora de victimas y en una entrevista se defienden de la polémica formada por su opinión sobre las familias gays. En esa entrevista, que es un verdadero Manifiesto Absurdigay, reiteran que «soy gay, no puedo tener hijos». ¿Pero sí puedes follar con condón, tomarte la profilaxis post-exposición o Truvada, hacer orgías, contratar a chaperos, inyectarte botox, usar un smartphone que es un invento del demonio, volar (soy un bípedo sin alas, no puedo volar), o saber que la tierra no es plana? ¿Los avances sólo son útiles si los aprueba, a duras penas (un recuerdo a Galileo), la Iglesia y los cristofascistas?

La entrevista llega tras las declaraciones de Elton John pidiendo el #BoycottDolce&Gabbana. El cantante británico (que tiene lo suyo en lo de ser absurdigay y apoyar  a Eminem o dar conciertos en Rusia a buen precio) se ha visto afectado en lo personal y considera que esas declaraciones de Dolce & Gabbana convierten a sus hijos en «experimentos sintéticos». Y hasta ahí podíamos llegar, el reprimido Elton John guarda silencio hasta que le toca personalmente, como buen absurdigay, y plantea una guerra de absurdigays en la que pide que no se compre nada de D&G (como si les comprase alguien más que las señouras; aunque yo aplaudo ese boicot). La respuesta de los diseñadores es un clásico del cristofascismo absurdigay: acusar de tus crímenes al que lo denuncia. Según los merchandisers gaypitalistas Elton John es un fascista por denunciar su homofobia. ¿O sea que vosotros imponéis el fascismo homófobo que discrimina a unos ciudadanos y los fascistas son los de enfrente que se quejan por ser aplastados? Me meo con esa concepción retorcida de la derecha cristofascista de que oprimir es un derecho y la homofobia una elección que muestra la libertad. No, queridos, la opresión es fascismo y la lucha contra el opresor libertad. Por muchos medios de propaganda y mentiras masivas que tengáis a vuestro servicio para liar a la gente.

Muchos nos preguntámos a qué vienen estas declaraciones ahora. Quizás esa portada no sea más que una devolución de favores de su íntimo amigo Berlusconi (para el que han pedido el voto reiteradamente) en sus momentos más bajos. Un intento desesperado de tener algo de relevancia con un poco de polémica fácil. Y es que Dolce & Gabbana están más pasados que una hamburguesa del Burguer King (y tienen casi la misma credibilidad). Sus momentos gloriosos de los 90, diseñando vestuario para las giras de Madonna (otra que no sabe qué hacer para parecer «actual»), son un vago recuerdo para los jóvenes que deberían comprar su «rabiosa modernidad». La nuevas generaciones les ven como una antigualla de un pasado algo hortera. Y en Italia esto se suma al desprecio que su historial delictivo financiero genera.

Y es que el público en general desconoce que en la última década Dolce & Gabbana han sido condenados varias veces por gravísimos delitos financieros que a punto estuvieron de ocasionar que cambiasen el nombre a Dolce & Gabbana & Islas Caimán & Gürtel. Sí, los diseñadores absurdigays son unos corruptos de tomo y lomo que han saqueado dinero de donde han podido y lo han escondido en paraísos fiscales varios. ¿Esos «valores tradicionales sicilianos» con los que crecísteis no se os quedan marcados en este asunto?

Un somero repaso a algunos de los titulares que ha generado su delincuencia: Dolce y Gabbana, condenados a un año y ocho meses de prisión por evasión fiscal. Dolce y Gabbana deben pagar más de 340 millones al fisco italiano. Dolce y Gabbana, condenados a 18 meses de cárcel por fraude fiscal. ¿Adiós a la firma Dolce & Gabbana? Y aunque parece ser que vuestros contactos y chanchullos con los corruptos poderosos os han servido para ser absueltos por el Supremo, queda patente cuál es vuesta ideología, principios y valores: todo por la pasta.

Vosotros, queridos mercaderes del gaypitalismo, no sois más que carroña absurdigay. Traidores encumbrados por hacer lo que otros gays con algo más de principios se han negado a hacer: el trabajo sucio del patriarcado, el negocio del odio de la empresa inmobiliaria que vende parcelas en el más allá conocida como Vaticano S.A.